15/02/2012 - 10:20
- Arantza Calzada/Bajoelagua.com
Expedición submarina
La Expedición Manokwari se sumerge con el tiburón ballena
Chano Montelongo Martín narra a través de su blog sus experiencias

©Chano Montelongo
Chano Montelongo Martín, miembro de la Expedición Manokwari nos cuenta en este nuevo relato como ha vivido la busqueda del tiburon ballena en un lugar perdido de Cenderawashi, una zona remota de Papua Occidental.
Este nuevo post se titula "Las estrellas y la luna llena":
Si la luna llena alimenta por igual el alma de
los licántropos y de los enamorados, aquí, en este lugar perdido de
Cenderawashi, "espanta" a los tiburones ballena. Llevamos horas flotando en el
agua, junto a una bagan (una especie de plataforma
pesquera) y no pasa nada, ni rastro de los tiburones, por mucho que lanzamos ikan
puri (anchoas) al agua, nada acude a la llamada. Uno
de los pescadores nos dice que tiene que ver con la luna llena, ya que siempre,
dos días después de su salida, los tiburones ballena desaparecen como si se los hubiera tragado el mar. Afortunadamente, esta
madrugada, nada más llegar aquí, en nuestra primera inmersión, nos encontramos
con dos hembras, de pequeño y mediano tamaño, chupando las redes de anchoas de
esta misma bagan. Llevo toda mi vida transmitiendo
y comunicando a los lectores todo tipo de experiencias y situaciones y nunca
pensé que me costaría tanto explicar lo que he sentido hoy bajo el agua. Voy a
intentarlo, pero aviso que, seguramente, me quedaré corto.
Cuando un animal de
seis metros de largo, con una boca de más de un metro te mira a apenas 20 cm de
distancia con su enorme ojo del tamaño de una pelota de tenis y, sin inmutarse
abre su boca y comienza a tragarse kilos de anchoas y media bahía, apenas te
quedan fuerza para cerrar la mandíbula y evitar que el regulador se te caiga de
la boca.
Relajados, tranquilos, sin inmutarse por la presencia humana, estos hius (tiburones en indonesio) y aquí llamados gurango bintang, es decir "tiburones estrella", en referencia a los lunares de su
lomo- se pasaron más de una hora nadando a nuestro alrededo, parsimoniosos,
con muchísimo cuidado de no golpearnos con sus enormes y poderosas aletas, que
utilizaban prácticamente para acariciarnos con
curiosidad maternal.
Estas estrellas del mar que no
salen con luna llena y que son venerados por los pescadores papuanos, muestran
aquí, en Cenderawashi, un comportamiento anómalo, único en su especie. No hay
un paraíso como éste, donde el hombre y el animal convivan y compartan el
planeta en perfecta armonía. Hoy esperamos tener más suerte y volver a
encontrarnos con estos espíritus marinos.
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