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21/12/2011 - 09:49 - Anna Riera/Bajoelagua.com

Experiencias de buceo

"Una suma de pequeños infortunios me alejaron del buceo"

Una 'mala inmersión' puede hacerte sentir inseguro y cogerle miedo al buceo

"Una suma de pequeños infortunios me alejaron del buceo"
© Paco Echevarria

A raíz del artículo publicado sobre "El miedo o ansiedad en el buceo" , el equipo de Bajoelagua.com ha querido explicar sus experiencias de buceo en primera persona. Todos, alguna vez, hemos tenido una mala inmersión buceando que nos ha afectado en mayor o menor manera, sobretodo por no saber como reaccionar. Estas experiencias pretenden ayudar a los que se han tenido un susto y a los que no, a prevenir. La seguridad en el buceo es de vital importancia.

Experiencia personal:
A todos alguna vez nos ha pasado que nos hemos llevado un pequeño susto en alguna de nuestras inmersiones. Lo importante es intentar guardar la calma, bucear con personas de confianza y sobretodo no dejar de bucear después de tener un pequeño susto, os lo digo por experiencia propia...

En verano de 2008 estaba de vacaciones en el Cap de Creus (Cataluña) y decidí aprovechar mi estancia para realizar una inmersión en la zona, ya que es conocida por su belleza submarina. Como no conocía ningún centro de buceo me puse en contacto con uno al azar. Le comenté al responsable que había buceado poco ese año y que quería hacer una inmersión sencilla. Me dijo que no había problema. También me preguntó por mi titulación (yo soy Open Water de Acuc, por lo que puedo bajar a 25 metros).

Llegó el día y me fui al centro para prepararme. Una vez todos listos, nos subimos a la zodiac que nos llevó al punto de inmersión. Cuando llegamos al punto de inmersión descubrí que ninguno de los monitores había realizado nunca aquella inmersión (lo cual me puso un poco nerviosa, la verdad). También comentaron que había una parte en que no se podía bucear porque era reserva marina.

Para bajar, me pusieron de pareja con un hombre que tenía más experiencia que yo. Nos sumergimos hasta 25 metros (profundidad del fondo) bajando por un cabo y, para mi sorpresa, nos dirigimos a la zona en la que en teoría no se podía bucear, es decir, entramos en la reserva marina (este hecho me enfadó).

Cuando estuvimos allí, me di cuenta que llevaba demasiado lastre y no conseguía dominar bien la flotabilidad, así que al final decidí quitarme algo de peso. Como ya podéis suponer, a causa del esfuerzo, gasté mucho aire. Continuamos las inmersión, siempre a 25 metros, con lo que si sumamos mis nervios iniciales, la profundidad y el esfuerzo que hice por el exceso de lastre que llevaba en muy poco tiempo la estaba a mitad de botella. Se lo indiqué a mi compañero. Él, en vez de empezar a dar media vuelta o subir un poco, bajó todavía más, calculo que a unos 28 metros. Cuando lo vi me puse muy nerviosa, ¿por qué bajaba más? Además, yo no podía seguirle - en ese momento entré en un estado de miedo y empecé a respirar más rápido, pensando en qué debía hacer:¿bajar a buscarle? ¿esperar a que subiera a mi lado?...

Finalmente, mi compañero decidió volver a mi lado, para ese momento ya estaba a 70 bares. Entonces empezamos a volver.  Estábamos volviendo por el fondo en busca del cabo para subir, pero no lo encontramos, yo ya había llegado a menos de 50 bares y bajando, así que mi compañero tuvo que compartir su aire conmigo.

Una ascención libre y compartiendo aire no es fácil, por lo que subimos demasiado rápido, sobretodo los últimos metros. Por suerte, llegamos a superficie sin que nos pasara nada grave,  sólo un poco de molestias durante los siguientes días y un gran SUSTO que se convirtió en MIEDO al buceo. Ese año no volví a bucear.

Aún así, como me encanta el mar, fui insistiendo durante los siguientes dos años pero sólo hacía 1 o 2 inmersiones porque los nervios previos (el día antes sobretodo) eran tantos que no me compensaba. Hice inmerisones fáciles desde playa y siempre con amigos de confianza, a pesar de todo debajo el agua me entraban agobios y sólo quería subir. Por suerte existe la capacidad de autocontrol, respiraba profundamente e intentaba distraerme hasta que se me pasaba la ansiedad.

Mis amigos y mi familia me animaban a no dejar el submarinismo y yo también intentaba superar el susto pero a la vez me resistía. Finalmente, este año 2011, decidí volver en serio. Me recomendaron un centro de buceo, me dijeron que me tratarían muy bien y así ha sido.

Empecé en verano, muy poco a poco, haciendo inmersiones muy fáciles pero bonitas, con la intención de ayudarme a recuperar el gusto por el buceo. Por otro lado, siempre iba acompañada de algún monitor que me hacía sentirme segura.

Es verdad que he hecho pocas inmersiones este año pero en comparación con los años pasados han sido muchas y, además, he visto como cada vez me relajo más durante las inmersiones, recuperando la sensación de tranquilidad con la que buceaba antes.

He sacado unas buenas lecciones de mi "minisusto":
1.Es importante tener referencias del centro de buceo con el que vas  a realizar la inmersión.
2.Tener un compañero habitual, en el que confíes y con el que te entiendas te ayudará a sentirte más tranquilo y seguro.
3.Si has tenido un susto y le has cogido miedo al buceo, es importante afrontarlo poco a poco, ya que sino el miedo te va comiendo y puedes llegar a dejar tu pasión de lado.
4.Si has tenido un susto, es bueno, ir a un centro de buceo conocido y con quienes sepas que puedes bucear tranquilo. Cuéntales a los instructores lo que te ha pasado y con su ayuda recupera la confianza en ti mismo.

Espero que mi experiencia os sirva a aquellos que os encontráis en situaciones similares.

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