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Vida Marina
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La vida marina en la Antártida se regenera con gran rapidez tras el deshielo  (22-03-2007)
Los efectos del cambio climático en la Antártida no han perjudicado la zona, sino todo lo contrario. Tras el deshielo en cinco años (entre 1995 y 2000) de diez mil kilómetros cuadrados de superficie en las plataformas Larsen A y Larsen B, en la costa oriental de la península antártica, los científicos del primer proyecto español del Año Polar Internacional han comprobado su gran capacidad de recuperación.
Y «lo más sorprendente es que esa regeneración se ha producido muy rápido», señaló el investigador Josep Maria Gili, que ayer presentó los resultados de la expedición junto con su responsable, Enrique Isla. Ambos pertenecen al Instituto de Ciencias del Mar del CSIC, en Barcelona, y han trabajado con colegas de la Universidad de Sevilla.

A bordo del rompehielos alemán «Polarstern», los científicos de esta campaña, enmarcada en el proyecto internacional Climant, han captado impresionantes imágenes de fondos marinos casi después de que ocurriera la transformación. Un complejo robot manejado por control remoto ha tomado fotos y vídeos de especies animales colonizadoras, como las ascidias (con formas de tubos de plástico semicurvos) y las holoturias (parecidas a las babosas), que en algunas zonas se han asentado cubriendo casi por completo el lecho marino, y los crinoideos pedunculados (animal cuyos brazos se asemejan a ramas de una palmera). Estas especies suelen estar en mares profundos, «así que pensamos que las condiciones ambientales en esas zonas colonizadas son parecidas», dice Isla.

La diversidad más elevada

Lo normal es que en cada expedición antártica se encuentren nuevas especies (tiene la diversidad más elevada del planeta y la más desconocida). «Sabemos el grupo al que pertenecen las nuevas especies, son organismos bentónicos, pero todavía no tienen nombre», dijo Gili. Una de ellas se llamará «Stilogorgia chupachups» porque es clavada a esos caramelos.

Esta rápida explosión de vida en un área de aproximadamente cinco mil kilómetros cuadrados «estaría en riesgo si se deshiela toda la Antártida, ese es el gran peligro del cambio climático». Pero ahora la amenaza más cercana para el ecosistema es la pesca de krill (una clase de crustáceos parecida a los camarones de la que se alimentan las ballenas). Algunos países estudian aumentar la cuota de captura «porque no es bueno para el consumo humano, pero sí para piscifactorías». Del hombre depende evitarla y preservar una Antártida que se conserva igual desde hace 35 millones de años.