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06/08/2006 - 10:08

Desaparición de la Posidonia mediterranea

Desaparición de la Posidonia mediterranea

(El Periódico) Los mayores bosques del Mediterráneo desaparecen a un ritmo anual del 5%, diez veces más rápido que las selvas ecuatoriales, por culpa de la acción depredadora del hombre sobre los fondos marinos. Los amenazados bosques, claro está, no son formaciones arbóreas al aire libre, sino inmensas praderas de posidonia, una planta de extraordinario valor ecológico que crece hasta los 50 metros de profundidad. En tiempos no muy lejanos ocupaban posiblemente medio millón de kilómetros cuadrados.
"En Catalunya solo quedan 40 kilómetros cuadrados de posidonia --pone como ejemplo Carlos Duarte, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea)--. Y en Baleares, donde la situación está algo mejor, son entre 1.000 y 2.000". Con el patrocinio de la fundación BBVA, los investigadores del Imedea (centro mixto del CSIC y la Universitat de les Illes Balears) analizan junto al cabo de Ses Salines, en el sur de Mallorca, los efectos beneficiosos de la posidonia y, al mismo tiempo, los muchos peligros que se ciernen sobre ella.

Las prospecciones se iniciaron en el 2002 y cubren una zona de más de 100 hectáreas a caballo de Mallorca y Cabrera, a 25 metros de profundidad. "Es una muy bien conservada, con un 80% del terreno colonizado por posidonia", resume Duarte. En el idílico paraje del cabo de Ses Salines, sin construcciones en 10 kilómetros a la redonda, la fundación BBVA impulsa una estación de investigación sobre ecología y cambio climático.

Una planta, no un alga

La Posidonia oceanica, que es la posidonia típica del Mediterráneo, forma praderas submarinas que tapizan de un color verde inconfundible zonas arenosas próximas a la costa. Las praderas son conocidas como algueros, aunque no se trata exactamente de un alga, sino una planta con raíces, frutos y hojas.

La posidonia es un organismo excepcional desde un punto de vista ecológico porque, entre otros aspectos, genera cantidades ingentes de oxígeno y absorbe dióxido de carbono, recicla el exceso de nutrientes en el mar, fabrica arena, frena la erosión y es muy productiva faunísticamente, pues es el refugio de infinidad de peces y moluscos, como la curiosa nacra, un bivalvo de hasta un metro de alto. Sin embargo, es a su vez una especie muy vulnerable a las perturbaciones provocadas por el hombre.

Una de sus debilidades es inherente a su biología: crece muy lentamente, a un ritmo de entre uno y dos centímetros por año. "Recuperar una pradera perdida puede suponer 200 o 400 años", añade el profesor del Imedea. La utilización de marcadores moleculares permitió determinar recientemente que una gran pradera de posidonia descubierta en Formentera, de unos ocho kilómetros de longitud, era en realidad una única planta que había estado creciendo durante 100.000 años. "Es el ser vivo de mayor tamaño y el más viejo descubierto en todo el planeta", comenta Duarte.

Los peligros que afectan a los algueros son numerosos. Uno esencial es la contaminación, incluyendo el vertido de limos de la industria de la cerámica --como sucede en castellón--, las aguas residuales urbanas o los desechos agrícolas cargados de nutrientes, puesto que todo ello dificulta el normal crecimiento de la planta. Otra amenaza son las agresiones directas sobre el medio, como el dragado de arena, el exceso de anclas, los barcos arrastreros o la construcción de puertos deportivos.

El investigador del Imedea también cita los efectos del calentamiento global, "pues algunos años tenemos el agua cuatro grados por encima de lo que era habitual". Incluso en zonas alejadas del hombre se observan praderas que se descalzan del fondo y son sensibles a las corrientes. Las especies exóticas, como el alga caulerpa, sacan partido de todo ello: "Aprovechan para colonizar nuevas áreas".
"Lo único que podemos hacer para proteger las posidonias es proteger sus hábitats --lamenta Duarte--. Pese a que los promotores de puertos deportivos proponen el trasplante a zonas afectadas, no es una opción porque se mueren todas. Los ensayos han demostrado que no es viable". El marco normativo para proteger la especie es correcto, concluye, "pero se viola siempre que hay ocasión". La posidonia pide ayuda.

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