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La playa de Alicante se reabre sin haber capturado al pez que atacó a una niña  (18-07-2006)
(ABC) La alicantina playa de San Juan volvió a mediodía de ayer a la normalidad tras la retirada del palangre dispuesto para capturar los posibles ejemplares de golfar -a uno de los cuales se atribuye el ataque que sufrió una niña anteayer- que merodearan en la costa. Los resultados del palangre fueron nulos, ya que se capturaron algunos especímenes, pero no de la especie que se buscaba.
Antes, el alcalde de la ciudad, Luis Díaz Alperi, compareció en rueda de prensa acompañado por el miembro de la selección española de pesca submarina Ricardo Costa -uno de los expertos a los que se consultaron las medidas de seguridad a adoptar tras el suceso- para descartar «taxativamente» que el autor de la mordedura fuera un escualo. Según el primer edil, se tiene la certeza «al 95 por ciento» de que el animal era, efectivamente, un ejemplar adulto de golfar.

Alperi indicó que estos animales son muy habituales en el Mediterráneo, pero que sin embargo nunca se había registrado hasta ahora un ataque a un ser humano. Así, el alcalde alicantino reiteró como hipótesis más probable que el animal llegara hasta la orilla en persecución de una presa, para confundir el chapoteo de la pequeña con el movimiento de una «lisa».

Según indicó Costa, las mandíbulas de un escualo del tamaño que describieron los testigos -entre 60 y 80 centímetros de longitud- carecen todavía de dientes, ya que se trata de un recién nacido. A ello hay que sumar que el diámetro de la boca no habría podido apresar el antebrazo de una niña de siete años.

Dientes que cortan el acero

En cambio, un golfar del citado tamaño es ya un ejemplar adulto, con unas potentes mandíbulas de prominentes e incisivos dientes, capaces de cortar un hilo de acero de medio milímetro de grosor. Los pescadores experimentados sustituyen de hecho el nylon por el acero cuando se adentran en una zona de pesca con abundancia de golfares. Estos peces son capaces de engullir sin problemas una mano o un pie adulto. Mucho más los de una niña de siete años como la que se convirtió en su primera víctima en los últimos cien años.

Así, la hipótesis más probable según Costa es que la menor, al notar el bocado, tratara instintivamente de retirar el brazo, ocasionándose el importante desgarro que obligó a operarla anteayer durante más de cinco horas. Aunque la niña se encuentra estable y en ningún momento se llegó a temer por su vida, lo cierto es que las heridas en el antebrazo izquierdo sí son de consideración. Los médicos que la intervinieron afirman que aún es pronto para conocer el alcance de la lesión y el grado de recuperación de la movilidad en la mano izquierda.

Al parecer, el desgarro provocado por el tirón ha afectado a la mano, a multitud de nervios y tendones. Aunque en principio se afirmó lo contrario, al parecer la mordedura también afectó a la arteria. Así, la menor precisará de nuevas operaciones para garantizar la máxima recuperación posible de la movilidad. Incluso, además de la microcirugía para restablecer los nervios dañados, es posible que la pequeña deba recurrir en el futuro a la cirugía plástica.

A pesar del dramático incidente, Alperi confía en que la playa retorne a la normalidad y que la afluencia de turistas no se vea afectada. Costa coincide con el decano de la facultad de Ciencias del Mar de la Universidad Católica de Valencia, José Tena, en que la mordedura del golfar es un hecho «puntual» para el que se sucedieron varias circunstancias excepcionales. En primer lugar, que el animal llegara hasta medio metro de profundidad en persecución de una presa, ya que habitualmente no abandonan las zonas de entre diez y quince metros. En segundo, que el agua estuviera turbia, y finalmente, que la niña se hallara chapoteando cuando llegó el pez.