
Vida Marina
La pesca de la anchoa arrasa la Patagonia (05-01-2007)
(ABC) En la película «Happy feet. Rompiendo el hielo», que estos días puede verse en muchos cines de toda España, el joven pingüino emperador Mumble descubre no sólo su destreza con los pies para bailar claqué, sino también que la sobrepesca provoca hambre en la colonia de pingüinos de la Antártida. Una situación, exceptuando las canciones y los números de baile, que podría traspasar la pantalla y hacerse realidad en la costa de la Patagonia argentina.
Esta región es famosa por su carismática megafauna -pingüino de Magallanes, ballena franca meridional, elefante marino y léon marino-. Sin embargo, la pequeña y menos carismática anchoa del Atlántico suroeste está poniendo en jaque su supervivencia. O mejor dicho, la pesca indiscriminada de este boquerón está afectando a otras pesquerías y a la vida en ese ecosistema. Los efectos de un plan aprobado en 2003 por el Consejo Federal de Pesquerías de Argentina para la pesca de arrastre de la anchoa han sido objeto de estudio por el departamento de Biología de la Universidad de Washington que, junto a la Fundación Patagonia Natural, advierte en un artículo publicado en «Science» de la amenaza que la sobreexplotación de esta especie está suponiendo para la fauna patagónica. Descenso de la merluza Este plan se puso en marcha hace tres años de forma experimental y como una alternativa a la sobrepesca de la merluza. Pese a situarse en aguas cercanas a la Península Valdés, Lugar Patrimonio de la Humanidad y que alberga la mayor colonia de pingüinos de Magallanes del mundo (la de Punta Tombo), el plan no incluye mecanismos específicos para cuantificar los efectos sobre las especies de peces y de fauna salvaje que dependen de la anchoa para subsistir. Elizabeth Skewgar, de la Universidad de Washington, señala que los costes en otras pesquerías, los riesgos para la vida salvaje y el ecoturismo -que tanto dinero reporta a estas zonas y del que una parte importante se reinvierte en conservación- y las interacciones en la cadena alimentaria deben determinarse antes de seguir con esta actividad pesquera. Y es que sólo en 2004 y 2005, Argentina capturó más de 30.000 toneladas de anchoa por primera vez en 30 años. Demanda de harina de pescado Y estas cifras seguirán aumentando a tenor de la creciente demanda de harina de pescado, que podría avivar la expansión de la pesca de la anchoa en esa zona. La acuicultura, que utiliza alimentos manufacturados de harina de pescado, aumentó un 50 por ciento entre 1998 y 2004, y probablemente continuará esa tendencia. Uruguay recientemente aprobó una factoría (financiada por Chile) con capacidad para convertir 200.000 toneladas de anchoa en harina de pescado. Unas presiones que la anchoa del suroeste del Atlántico (Engraulis anchoita) no puede soportar sin afectar a la cadena alimentaria. Y es que la «anchoita» es un paso intermedio en esta cadena, dominando el nivel entre el pláncton diminuto y la fauna de los bancos de arena de la Patagonia. Peces de interés comercial, así como cefalópodos, pingüinos, cormoranes, golondrinas de mar, leones marinos y delfines se alimentan de la anchoa, pero sobre todo es el pingüino de Magallanes el que se sirve de ella para más de la mitad de su dieta. Mala situación si se tiene en cuenta que el resto de su alimentación se basa en la merluza, que también se alimenta de la anchoa. En esta pescadilla que se muerde la cola -al igual que ha ocurrido en el Cantábrico con la anchoa europea (Engraulis encrasicolus), cuya dramática situación ya afecta también a la merluza, la lubina y el besugo-, la fauna austral, única en el planeta, se convierte en la presa favorita para esta amenaza. El pingüino es la víctima más visible de este agotamiento de los recursos pesqueros en esta zona, pero la «desnutrición» afecta ya a todos los mares y océanos del planeta.
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