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Sólo un cambio radical en el ser humano puede salvar las tortugas  (27-11-2006)
(ABC) Oírle hablar, emociona. En su voz se mece la nostalgia de lo que fue y la pena de lo que ya parece inevitable. En el medio, el presente: su lucha de hoy por conseguir que las tortugas no se extingan definitivamente. Él aún conserva la esperanza, a pesar de que «en nuestros mares ya sólo viven varios cientos de miles de tortugas», es decir, «el 1 por ciento de las que había hace apenas cien años». Quien así habla es Adolfo Marco, investigador de la Estación Biológica de Doñana perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Actualmente, Marco dirige un proyecto de la Fundación BBVA, cuyo objetivo es «mejorar la conservación de las tortugas marinas del Atlántico», tocadas de muerte por la voracidad insaciable de la estirpe humana.

El cemento, un gran peligro

De hecho, el cemento, la pesca y la contaminación son los tres principales peligros de las tortugas, según explica este investigador español, el cual advierte que la amenaza crece por momentos en los tres frentes: en las playas, porque el cemento aumenta en la misma proporción que se alzan las nuevas urbanizaciones junto al mar, lo que perjudica gravemente a estos animales; en la pesca, porque cada día se utilizan métodos más agresivos de arrastre en los que perecen las tortugas; y en la contaminación, porque el hombre se muestra sencillamente despiadado y acelera el cambio climático del que luego sufre sus consecuencias inevitables.

Las medusas que vienen

Una de esas consecuencias, añade Adolfo Marco, «son las medusas que este verano vimos en nuestras playas, un fenómeno que no sólo se va a repetir, sino que cada año que pase va a aumentar considerablemente».

¿Por qué? Sencillamente porque «la gran mayoría de las tortugas marinas que frecuentan el litoral español se alimentan de medusas desde que nacen y durante todo su ciclo vital». Por lo tanto, la conclusión es tan sencilla como tremenda: si disminuyen las tortugas, aumentan las medusas.
Así las cosas, Adolfo Marco advierte que el turismo puede llegar a derrumbarse si las playas se llenan de medusas. Su advertencia se dirige a todas aquellas personas que quizás sólo sean capaces de ver el drama de la extinción de una especie si ello conlleva algún perjuicio económico.

Sabiduría indígena

Sin embargo, Adolfo Marco prefiere evocar el recuerdo de «una tribu indígena de Colombia de la que hasta hace apenas un par de años nada se sabía siquiera, y cuyos miembros aman y respetan la naturaleza con auténtica devoción... En fin, es un lugar idílico, en el que las tortugas viven a sus anchas y son respetadas como si fueran miembros de la propia tribu».

Pero hasta que ese mismo ejemplo no cunda a lo largo y ancho de nuestro planeta, es necesario buscar otro tipo de soluciones para que las tortugas no se conviertan en un mero recuerdo con fotografías en los libros de texto. Y, a juicio de este investigador del CSIC, la solución pasa por «comprender que la protección auténtica de las tortugas requiere criterios que superen los intereses nacionales».