
Vida Marina
Cuatro años de explotación logran vaciar el Cantábrico de anchoas (22-07-2007)
La Comisión Europea acordaba el pasado miércoles mantener al menos durante todo el presente año la veda de la pesca de anchoa en el Cantábrico, pese a las presiones de la flota francesa, que reclamaba la apertura del caladero durante tres meses y la captura de 4.000 toneladas. La decisión de Bruselas parece cerrar por unos meses una larga disputa, en la que los intereses y los argumentos de los pescadores galos están claramente enfrentados a los de los españoles- especialmente los vascos-, partidarios de mantener las medidas restrictivas hasta que la especie muestre claros síntomas de recuperación.
Los informes científicos apuntan a que la supervivencia de la anchoa no está garantizada con los niveles actuales de biomasa y el Ejecutivo comunitario ha actuado en consecuencia, en una disputa que con frencucia ha estado influenciada por las presiones políticas. La historia de la anchoa en el Cantábrico es la propia de una pesquería abundantísima que ha dejado de serlo a causa, aparentemente, de dificultades experimentadas en la reproducción de la especie por causas no del todo conocidas, en combinación con una explotación excesiva del caladero. Y sólo ahora, cuando queda poca, las flotas española y francesa -llegada esta última tarde al negocio-, se disputan este otrora modesto y hoy exquisito recurso, como si de él dependiera la supervivencia de flotas enteras y de los sectores industriales a ella ligados. Un repaso a las estadísticas muestra sin ambages que la anchoa ha sido durante los últimos 50 años un predio de las flotas españolas, que la capturaban en cantidades prodigiosas. Las cifras del CIEM, el Consejo Internacional para la Explotación del Mar, son inequívocas: en los años 60 la flota de bajura del Cantábrico capturaba del orden de 60.000 toneladas al año, con un pico en el año 1965 que llegó a alrededor de las 81.000 toneladas. El caladero, naturalmente, se resentía con esos índices de explotación. Posiciones enfrentadas Las posiciones de franceses y españoles ante el futuro de la especie son radicalmente distintas. Mientras los españoles reclaman una gestión a largo plazo del caladero para evitar su extinción, y el uso de artes clásicos para su explotación, como el arrastre de cerco, los franceses que saben que con sus artes pelágicos son capaces de sacar a la anchoa de donde se encuentre, quieren ir a por ella, argumentando que, de otro modo, va a morir infructuosamente, porque es una especie de ciclo muy corto.
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