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Encuentro con los delfines en la bahía del Monte Saint Michel  (04-08-2006)
En la bahía del célebre Monte Saint-Michel en Bretaña (noroeste de Francia), una asociación inicia al gran público en el estudio de una de las poblaciones más importantes de grandes delfines en Europa, conjugando placer y trabajo científico.
"Si ven un punto luminoso o una ola que no debería aparecer en un mar llano, se verifica con los prismáticos si son delfines", explica Yohann a seis personas que comparten con él una lancha neumática.

A fuerza de observar, este capitán de la marina de comercio y fundador de la asociación Al Lark conoce los hábitos de grandes delfines que frecuentan la bahía en verano, a lo largo de la costa de Cancale.

Esta vez los mamíferos, algunos de cuatro metros de largo, son puntuales a su cita. Al ver el barco a un centenar de metros, algunos se acercan, pasan bajo la embarcación o salen del agua.

"!Dios mío, qué bonito es!", exclama Virginie en su segunda salida con Al Lark y aocmpañada de su hijo Benjamin, de diez años de edad. "Quiero volver todos los días", afirma el niño.

"El delfín es un animal muy curioso y muy inteligente. Miren su ojo, les mira", comenta Gael, animador turístico.

"Están cazando, vamos a seguirles suavemente. No estamos aquí para molestarles", sigue Yohann, que insiste en observar con respeto a los animales en su medio. No se puede acariciar a los delfines, ni jugar o nadar con ellos porque "eso les causaría un estrés importante".

En tres años de observación, Al Lark ha censado a 53 grandes delfines, una especie protegida desde 1970 aunque en la actualidad no está protegida. Esta fuerte presencia de delfines en la bahía se explica por la abundancia de alimento para ellos en la zona.

El objetivo de las salidas al mar es identificar a cada individuo fotografiando su aleta para seguir la evolución de la población. Cada aleta tiene marcas únicas, relacionadas con las peleas entre ellos.

La originalidad de Al Lark, subvencionada por los poderes públicos, es que hace participar al público en un programa científico de preservación del medio ambiente apuntándose a la asociación. "Es eco-voluntariado y no turismo pasivo: la gente lleva las riendas, tom

a fotos de los delfines o apuntan sus desplazamientos" explica Gael. "Hacemos compartir nuestra pasión", subraya.

El programa, al que contribuyeron 250 personas apuntadas el año pasado, se hace bajo la tutela del laboratorio de estudio de los mamíferos marinos de la Oceanópolis de Brest, ciudad situada en el extremo de la Bretaña francesa.

La asociación es miembro del grupo de trabajo ’Natura 2000’, proyecto europeo de conservación del medio ambiente.

"Hemos tenido un baile de delfines durante dos horas, ha sido una gran felicidad", afirma Eric, uno de los socios.