
Vida Marina
Gran deterioro de la gran barrera de coral australiana (19-11-2007)
WWF/Adena reunió en un hotel de Valencia a los «testigos del clima»: personas que habitan en lugares alejados entre si y a miles de kilómetros de la capital del Turia que ayer pudieron exponer a través de internet cómo el cambio climático está quebrando sus vidas y tradiciones y condiciona su futuro. John Rummey habló desde Queensland en Australia, a donde llegó hace 34 años «fascinado por los mundos submarinos que Cousteau captó en sus documentales».Desde entonces Rummey se ha ganado la vida llevando pescadores y buceadores a la Gran Barrera de Coral y desarrollando proyectos de investigación.
Rummey afirma estar muy preocupado por el futuro, «no solo por el coral, sino también por la comunidad en la que vivo y por el paisaje que me rodea». El coral está perdiendo su color y se convierte «en un yermo blanco en apenas una semana o dos», declara. Hace solo seis años que comenzó el proceso pero Rummey ha perdido ya por esta vía el 10% de sus lugares de buceo, a donde llevaba turistas que en el área de la Gran Barrera generan una riqueza de 5,5 billones de dólares y dan empleo a 60.000 personas. Ove Hoegh-Guldberg, del Centro de Estudios Marinos de la Universidad de Queensland, confirma desde la ciencia el desastre cotidiano de los habitantes de la gran barrera de coral. Literalmente al otro extremo del mundo, un pastor de renos Saami - lamenta los profundos cambios que ha experimentado el clima de su región en los últimos 30 años, donde han aparecido aves e insectos desconocidos. Sin embargo, el cambio «más rápido- explica Olav Mathis Eira- ha sido el incremento de las lluvias en invierno, un episodio muy raro en el norte europeo, donde antiguamente solo llovía cada 30 años», explica el pastor. Ahora las lluvias han hecho que el hielo de los lagos y ríos se haya vuelto inestable y los viejos caminos de nieve son peligrosos espacios helados donde se repiten los accidentes, añade Olav. Los cambios amenazan el modo de vida tradicional y la cultura de los «saami» al igual que el de los pescadores de Tanzania, donde el mar ha avanzado 200 metros en 50 años, o el de los agricultores de la India que sufren la salinización de sus tierras. Es su verdad, trágica, además de incómoda.
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