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El coral vuelve al cráter de una bomba nuclear en el Pacífico  (16-04-2008)
El coral crece de nuevo en el cráter que dejó el arma nuclear más grande jamás detonada por Estados Unidos, 54 años después de la explosión en el Atolón de Bikini, según anunció el martes un equipo de científicos marinos.
Un equipo de buceadores de investigación visitaron el cráter Bravo, la zona cero de la prueba de un arma termonuclear detonada en las remotas islas Marshall el 1 de marzo de 1954, y halló un gran número de peces y coral creciendo, aunque algunas especies parecían haberse extinguido en la zona.

"No sabía qué esperar, quizá una especie de paisaje lunar. Pero era increíble", dijo a Reuters Zoe Richards, de la Universidad australiana de James Cook, sobre el viaje del equipo a este atolón del Pacífico Sur.

"Vimos poblaciones no muy diferentes a las de cualquier arrecife de coral, con muchos peces, corales y actividad en proceso, algunas colonias concretas muy impresionantes", dijo.

La bomba de hidrógeno de 15 megatones fue 1.000 veces más potente que la explosión que destruyó Hiroshima, vaporizando islas con temperaturas que alcanzaron los 55.000 grados centígrados, y haciendo temblar otras islas que estaban a 200 kilómetros.

La bola de fuego de siete kilómetros de diámetro resultante dejó un cráter de dos kilómetros de ancho y 73 metros de profundidad, mientras que la nube se alzó 100 kilómetros sobre el Pacífico Sur y causó lluvias radioactivas en Australia y Japón.

Richards, que forma parte del Centro de Excelencia para el Estudio de las Barreras de Coral, financiado por el gobierno de Australia, indicó que el equipo internacional de investigación halló corales de hasta ocho metros de alto, algunos con troncos de hasta 30 centímetros.

Aunque las zonas por encima del nivel del mar continúan contaminadas y no son aptas para el poblamiento humano, es probable que especies submarinas sanas viajaran en los fuertes vientos y corrientes desde el cercano atolón Rongelap, que no fue bombardeado en las 23 pruebas realizadas entre 1946 y 1958.

Comparando sus datos con un estudio anterior a las pruebas atómicas, el equipo estableció que faltaban 42 especies, con al menos 28 de ellas extintas en la zona.

Richards indicó que la capacidad de los corales de Bikini para recuperarse de "un único y enorme suceso destructivo" era una prueba de su resistencia, aunque no significaba que la amenaza del cambio climático para los corales se hubiera sobreestimado.

"El cambio climático es una batalla constante por la supervivencia para el coral, sin un indulto a la vista", afirmó. "Tras las detonaciones atómicas han tenido 50 años para recuperarse sin ser molestados".