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Una falla de 400 metros de profundidad es la guarida del calamar gigante  (19-11-2007)
(La Nueva España) Los 4.000 metros de profundidad a pocas millas de la bocana de la ría y los treinta y dos kilómetros de anchura del cañón de Avilés son consecuencia de la falla «Ventaniella», una línea abierta que viene del Puerto Ventana, en la cordillera Cantábrica, o quizá de la misma Meseta castellana, y que se diluye en las profundidades marinas del golfo de Vizcaya.
Una falla es un corte en la superficie que puede provocar movimientos tectónicos, es decir, movimientos en las plataformas continentales que navegan, como islas, sobre el manto de la Tierra.

Los territorios cruzados por una falla son sísmicamente activos. En Avilés los seísmos apenas alcanzan la gradación 3 de la escala de Richter, esto quiere decir que no son perceptibles por los hombres.

La herida continental de la falla «Ventaniella» se hace patente al llegar al mar. Lo particular del cañón de Avilés se encuentra en su formación: a apenas 200 metros del final de la plataforma continental comienza el descenso hacia la llanura abisal. A ocho millas de la entrada de la ría se alcanzan las profundidades más llamativas: esos 4.000 metros casi inéditos.

Para entender lo que suponen estos datos hay que decir que la zona afótica, es decir, la que no tiene luz, comienza a los cincuenta metros de profundidad. 

¿Qué se oculta a la puerta de casa?

El misterio más absoluto: los cachalotes se sumergen en picado hasta esos cincuenta metros, las corrientes marinas -singulares a consecuencia del cañón- provocan una cadena trófica (alimentaria) muy llamativa. Esto es casi lo único que se sabe con certeza. También que el cañón es la guarida del calamar gigante. De hecho, Pilar Marcos, de WWF/Adena, explica que sólo hay tres puntos en todo el planeta donde se ha visto a este misterioso animal: Nueva Zelanda, Japón y la costa avilesina.

Pese a todo esto, los estudios sobre el cañón apenas sí han empezado. El oceanógrafo francés Jacques Cousteau hizo algunas filmaciones de la zona hacia los años setenta y será su nieta Alexandra la que reemprenda su labor.

La geografía altera la hidrodinámica en esta zona: las corrientes marinas de Avilés son muy distintas de las de Gijón, por poner un ejemplo. En invierno las corrientes en el Cantábrico toman como dirección Francia y en verano sucede lo contrario, parten de Francia y se dirigen al océano Atlántico. Lo normal es que en el verano se agoten los nutrientes, sin embargo, cuando se llega al cañón esto no sucede, se mezclan las distintas capas con facilidad y da comienzo una cadena trófica más rica, es decir, el movimiento acuático facilita el nacimiento de algas y otros nutrientes. El cañón de Avilés es un tesoro a la puerta de la ría, un misterio a punto de perder el embozo.