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Las ballenas azules se dejan admirar en las aguas de Los Ángeles  (23-07-2007)
Desde una embarcación en el Pacífico de Los Ángeles (California, oeste) sobresale una enorme masa que deja a todo el mundo estupefacto: a poco metros, una ballena azul, el animal más grande del mundo, acaba de respirar dando dos chapuzones en el mar de una ciudad contaminada.
"!Allá hay otra!", exclamó un pasajero. Luego se logró ver a una tercera y hasta una cuarta ballena ... En dos horas, al menos ocho mamíferos gigantes salieron a flote del Pacífico muy cerca del barco 'Christopher', que zarpó desde el puerto de Long Beach, al sur de Los Ángeles.

"Es excepcional ver tantas", sostuvo su capitán, Dan Salas. "Siempre es un espectáculo estupendo, nos sentimos como un niño", confesó por su lado Dudley Wigdahl, conservacionista de mamíferos del Acuarium del Pacífico de Long Beach.

Es difícil de concebir que las ballenas azules, símbolo de las especies amenazadas, elijan como domicilio durante el verano un lugar tan cercano a la contaminada megalópolis de Los Ángeles, donde viven 18 millones de personas y sobre todo tan próximo a Long Beach, un zona repleta de refinerías y estacionamientos con contenedores.

De hecho, estos animales que pueden alcanzar los 30 metros de largo y pesar 136 toneladas han estado a punto de desaparecer debido a la pesca industrial. En el Pacífico norte, las ballenas azules, ahora protegidas, no son más que 5.000, según una estimación científica.

Gracias a la creación de un santuario marino alrededor de las islas al sur de California, frente a las playas de Malibú y Santa Bárbara, los cetáceos pueden desde hace unos veinte años alimentarse tranquilamente de unas 3,5 toneladas de minúsculos crustáceos.

Contrariamente a las ballenas grises que son más pequeñas y que emigran cada año entre las aguas gélidas del mar de Bering y las costas de Baja California (noroeste de México), las ballenas azules "pescan" en la superficie, lo que hace que sea más fácil observarlas.

Sin embargo, al ser su población tan baja en la inmensidad del océano se consideran poco probables estos encuentros.

En verano, los barcos como el 'Christopher' proponen a los turistas observar de cerca estos animales. "Cuando los niños lo ven, quedan completamente emocionados. Es una experiencia que les cambia la vida", aseguró Salas.

La reglamentación estadounidense sobre las especies protegidas impone a los barcos que se mantengan a unos 100 metros de estos mamíferos. En México, por el contrario, es posible incluso acariciar las ballenas grises en las lagunas donde acuden a reproducirse a finales del invierno.

En vista de la fascinación que ejercen los cetáceos, las agencias estadounidenses de protección del ambiente intentan pasar un mensaje ecológico a través de este tipo de excursiones, sobre todo dirigido a las nuevas generaciones, explicó Sarah Marquis, responsable de comunicación de los 'Santuarios Marinos Nacionales'.

El Acuario del Pacífico se ha trazado el mismo objetivo pedagógico en su sede de Long Beach visitada por 1,3 millones de personas por año: allí una ballena azul a tamaño natural pero artificial está suspendida en el salón principal, donde algunas piezas interactivas ofrecen al público escuchar el famoso "canto de las ballenas".

"Las personas prestan más atención a los animales con los cuales pueden identificarse y que han visto", subrayó Marquis.

La gran interrogante por ahora sobre estos animales es el efecto que tiene el calentamiento climático sobre las ballenas azules, en un momento en el cual los científicos han notado un adelgazamiento de las ballenas grises que emigran a esta región.

"Este año las ballenas llegaron en junio, cuando antes las veíamos más que todo en agosto", notó Salas: "No sé si se deba al calentamiento climático, pero yo he comprobado que el océano está cambiando ante nuestros ojos".