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Alumnos del IES Aricel de Granada participan en una experiencia única de colaboración con el Centro de Recuperación de Especies Marinas  (23-06-2004)
(Ideal) En Albolote (Granada) han aparecido un ejemplar de tortuga boba, una aleta de delfín común, dos vértebras de ballena rorcual y la columna vertebral de un delfín listado. No han surgido después de unas excavaciones ni se deben a un espectacular maremoto que haya llevado aguas saladas a la localidad del Área Metropolitana. Los han llevado hasta allí los profesores del Instituto Aricel tras la cesión de los responsables del Aula del Mar y el Centro de Recuperación de Especies Marinas Amenazadas (CREMA) de Málaga. Es la primera vez que estos dos organismos colaboran con un centro educativo y ceden parte de sus 'joyas'. Y los afortunados destinatarios son los alumnos del instituto alboloteño, que han podido diseccionar, tratar y conservar los ejemplares.
El camino que han seguido los nuevos residentes del laboratorio del instituto ha sido largo. La colaboración con el centro andaluz comenzó con las visitas de los chicos al que es el único 'hospital marino' de Andalucía. Allí se encargan de dar los primeros auxilios, recuperar y devolver a su medio natural a estos mamíferos vivos que encallan en las costas o sufren 'accidentes'.

Los responsables del instituto, liderados por el catedrático del departamento de Biología y Geología Rafael Hoces, continuaron este contacto, hasta que después de un año de llamadas, lograron el tesoro de las piezas marinas. Una 'botín' con el que han disfrutado y aprendido un buen número de estudiantes del centro. Ellos han sido los expertos cirujanos y taxidermistas.

Una vez las piezas llegaron a la localidad, la que más posibilidades de estudio ofrecía fue la tortuga. Los alumnos la usaron para aprender anatomía de estos animales, tanto interna como externa. Para ello tuvieron la colaboración del veterinario del Distrito Metropolitano de Granada, Fernando López Mendoza. Así, observaron una disección real, que se produjo tras cocer en un gran caldero el cadáver en el patio del centro.

Esther, Jesús, Julia, Leandro y Mª Ángeles, alumnos de primero de Bachillerato, relatan la experiencia como algo fantástico. Les impresionó sobre todo el fuerte olor que desprendía, aunque más allá de lo anecdótico, saben explicar perfectamente cómo prepararon la pieza. Retiraron la carne con un bisturí, y «de la médula salieron gusanos». Incluso plantean una hipótesis al puro estilo científico. «Se ve que una mosca debió entrar y dejó sus huevos allí dentro», señala una de las chicas. Otro compañero comenta divertido que ya es «lijador profesional», y es que para su conservación utilizaron lijas para retirar del caparazón los posibles restos orgánicos.

La tortuga pasó por varias manos distintas, para que el mayor número de alumnos se beneficiara de la experiencia. Otro grupo de cuarto de ESO comenta sus experiencias con los restos de delfín. «Lo desinfectamos con agua oxigenada y para conservarlo usamos 'Borax'». Ellos conocen ya el producto como auténticos expertos, pero para los profanos hay que explicar que se trata de un elemento bactericida que a su vez deshidrata.

«Estos métodos nos gustan mucho y así entran más ganas de estudiar». «Los profesores que tenemos aquí son un privilegio». Estas eran algunas de las frases que usaban los jóvenes para resumir su experiencia, al tiempo que señalaban que muchos de sus amigos de otros centros «flipaban» cuando se lo contábamos. Las prácticas les han servido sin duda, pero parece que alguno se olvidó de coger el libro después, porque aunque resulte increíble hubo algunos suspensos en la materia.

Parece que la oportunidad que han vivido estos chavales les ha despertado el interés por la Biología, ya que después se han llevado al centro ejemplares de serpiente que se encontraron muertas en el campo para su estudio.

Educación ambiental

Además del trabajo de campo, el proyecto ha ido acompañado de un estudio destinado a la educación para la defensa de la riqueza marina. Los chicos han analizado los peligros a que se enfrentan las especies que han estudiado. Como complemento los alumnos están realizando una página bajo el nombre 'Albolote natural' y diversos trabajos para dar a conocer el trabajo que han realizado.

Y la formación práctica no se queda sólo ahí. El centro educativo ha colaborado también con el de Atarfe, con el que han compartido material de estudio. «Ellos nos han dejado unas egagrópilas (mezcla de pluma o pelo y pequeños huesecillos que rejurgitan las aves) que obtuvieron en el Pantano de Cubillas», explica Rafael Hoces.

Para llevar a cabo este y otros proyectos el instituto ha contado con la inestimable ayuda de la Fundación Francisco Carvajal, que les ha donado 4.255 euros, con los que han comprado material informático y científico. Por parte del profesorado solicitan a la Junta que impulse la educación científica y ofrezca apoyos a las iniciativas que se llevan a cabo en centros como este. Además, el instituto está en este momento masificado, ya que los 920 alumnos con que cuenta actualmente han desbordado todas las previsiones.

El instituto espera ahora colaboración de la asociación de padres y madres para poder instalar unas vitrinas móviles que sirvan para conservar el patrimonio con el que se han hecho y sirva para próximos alumnos.