
Vida Marina
Hallan en los fondos de Australia el cráter del meteoro que causó la mayor extinción de vida en la Tierra (14-05-2004)
(El Correo) Situado en el fondo marino, mide 201 kilómetros de diámetro El choque ocurrió hace 250 millones de años y acabó con el 90% de las especies marinas y el 70% de las terrestres
Antes de la extinción que acabó con los dinosaurios, hace 65 millones de años, ocurrió una catástrofe aún mayor en la historia de la vida en la Tierra. Hace la friolera de 250 millones de años, algo acabó con el 90% de las formas de vida marinas y con el 70% de las especies terrestres. La teoría según la cual el brusco cambio climático generado por la caída de un asteroide causó la extinción ha sido defendida por la mayoría de los expertos. Ahora, un grupo de científicos ha identificado la huella de aquel choque brutal: un cráter de 201 kilómetros de diámetro que se encuentra cubierto de sedimentos en el fondo marino, frente a las costas del noroeste de Australia. El país de los canguros presume de tener una buena colección de cráteres causados por meteoritos. Nada menos que 25 huellas cuyo diámetro varía entre unas decenas de metros y los 200 kilómetros. Por lo menos dos de estos choques habían sido relacionados por los expertos con extinciones masivas. El equipo de investigadores coordinado por Luann Becker, profesora de la Universidad de California, publicó ayer en la versión digital de la revista 'Science' sus conclusiones sobre uno de estos dos cráteres, bautizado con el nombre de Bedout High. El estudio, patrocinado por la NASA, demuestra que Bedout «está relacionado sin ninguna duda» con la gran extinción registrada durante el periodo conocido como Pérmico Final. Hace 250 millones de años, la Tierra tenía una apariencia muy distinta a la de hoy. Los continentes actuales formaban una masa única, llamada Pangea, rodeada por un 'superocéano' conocido como Panthalassa. Aquel mundo estaba poblado por anfibios y reptiles que vivían en un paisaje formado por helechos y coníferas. Ese panorama recibió el choque catastrófico de una roca de entre 6 y 12 kilómetros de diámetro que debió de entrar en la atmósfera a unos 20 kilómetros por segundo. Algunos de sus restos fueron localizados por el equipo de Becker en la Antártida. Forman una fina capa geológica correspondiente al Pérmico Final, es decir, al momento en el que se detecta la extinción. Cuarzo quebrado En el mismo estrato aparecen piezas de cuarzo con huellas de rotura múltiples. «Pocos fenómenos terrestres tienen la energía para deformar el cuarzo de ese modo», explica Becker. «Ni siquiera las más altas temperaturas o las presiones del interior de la corteza terrestre». Ese tipo de rotura es un indicio de la caída de un asteroide. Como pudo comprobar Becker, los fragmentos de meteoro y el cuarzo aparecieron también en sondeos realizados por compañías petrolíferas en Bedout. Las muestras indicaban que se habían producido altísimas temperaturas en el momento correspondiente al choque. La caída del asteroide coincidió con un vulcanismo masivo desencadenado en las antípodas del punto de impacto, en lo que ahora es Siberia. Puesto que un descenso de este tipo libera una cantidad de energía un millón de veces superior al desencadenado por los mayores terremotos, algunos científicos proponen que los volcanes fueron una consecuencia del impacto.
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