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Oceana emite un informe sobre el daño de los anzuelos a las tortugas mediterraneas  (27-04-2006)
(El Periódico) Las tortugas colonizaron los mares de la Tierra mucho antes de que surgieran la mayoría de las familias de la fauna actual, posiblemente desde hace 130 millones de años, pero la contaminación, la urbanización de la costa y la pesca poco selectiva han tenido bastante con tres décadas para diezmar gravemente toda esa milenaria abundancia. El Mediterráneo es uno de los mares más afectados.
Según un informe elaborado por la asociación ecologista Oceana, con el patrocinio de Caja Madrid, los palangreros españoles que operan en el Mediterráneo capturan accidentalmente unas 20.000 tortugas anuales, a veces incluso 30.000, de las cuales un 30% mueren antes de que las liberen los pescadores (o en el momento de la liberación) debido a las heridas causadas por los anzuelos. El metal afilado les desgarra los músculos de la mandíbula y del cuello.

"Además de no tener valor comercial, las tortugas les estropean las artes de pesca y les obligan a parar para arreglarlas --explica Xavier Pastor, director de Oceana en España--. Los pescadores son los primeros interesados en acabar con estas capturas". Su objetivo comercial es el pez espada o emperador, y ocasionalmente el atún. Además, el comercio y la explotación de tortugas marinas en España está prohibido desde 1989.

Seis meses del 2005

Durante seis meses del año 2005, miembros de Oceana, en colaboración con el Instituto Español de Oceanografía, se embarcaron en palangreros españoles para comprobar la magnitud del problema. En los barcos --la flota española está formada por unas 80 embarcaciones--, las mayores redes pueden llegar a medir 60 kilómetros de largo y tener hasta 2.000 anzuelos, generalmente colgando a una profundidad de entre 15 y 25 metros.

Según pudo comprobar la asociación ecologista, de cada 1.000 ganchos, en ocho pica un pez espada y en 1,1 cae una tortuga boba, aunque en algunos casos el 45% de los anzuelos obtienen capturas no deseadas. Otras artes de pesca, como las redes de deriva y de arrastre, también tienen un impacto sobre las tortugas, pero mucho menor.

Las zonas de mayor actividad de los palangreros y, lógicamente, con más capturas accidentales de tortugas son el sur de las Baleares, la zona comprendida entre las costas de Almería y Argelia y, en menor medida, el sur del Adriático y Grecia, explica Pastor. A diferencia del Mediterráneo oriental, como en Líbano y Turquía, la costa española no es un lugar habitual de puesta de huevos, pero sí cuenta con una notable densidad de ejemplares adultos.

El 90%-95% de los quelonios capturados accidentalmente corresponden a la especie Caretta caretta o tortuga boba, que está protegida, aunque también hay tortugas laúd y tortugas verdes. Además, ocasionalmente pican en los anzuelos varias especies de tiburones y rayas, entre otros peces, e incluso cetáceos.

Las propuestas

El informe, titulado Amenazas y soluciones para la supervivencia de las tortugas marinas en el Mediterráneo, "recoge unas primeras conclusiones sobre cómo reducir las capturas accidentales", dice Pastor. La primera es calar los anzuelos "a mayor profundidad, 35 o 40 metros", puesto las tortugas prefieren aguas poco profundas, con más luz, mientras que a profundidades mayores se encuentran los peces espada adultos (también se evitarían las capturas de juveniles). Otra propuesta es "establecer zonas y épocas de veda en los momentos de mayor concentración y actividad de las tortugas", que coincide con el verano (en invierno apenas hay problema).

Oceana cita en tercer lugar la "utilización de anzuelos circulares", puesto que el uso de estos anzuelos ha reducido el índice de capturas o de mortalidad de las tortugas marinas. La clave está en que no suelen ser tragados tan profundamente, lo que facilita la extracción y reduce la gravedad de los daños. Otra propuesta es "seleccionar un cebo menos atractivo para las tortugas", esencialmente cambiar la pota, un calamar muy apreciado por los quelonios, por verdel o estornino.

Los cambios propuestos supondrían para los pescadores una pérdida de beneficios, pero Pastor opina que éstos se "compensen" con subsidios de las administraciones públicas. "Estas subvenciones encajarían con la motivación de las ayudas de la UE", concluye.