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Greenpeace desvió a balleneros japoneses  (02-01-2006)
La flota ballenera japonesa cambió su rumbo en los mares del sur tras interceptar la semana pasada los gomones de Greenpeace la captura de cetáceos.
Además, cientos de manifestantes impidieron que una de la naves de caza se abasteciera en Tazmania.

Tras el operativo de los dos buques de Greenpeace, en la zona de protección internacional, los balleneros se dirigen ahora al norte, "en una maniobra fuera de lo común en las estrategias de caza que usualmente utilizan." dijo el activista argentino Nicolás Schifman a bordo de uno de los barcos interceptores.

Las embarcaciones de los ecologistas nunca habían podido antes alcanzar a la flota ballenera frente a este tipo de maniobras. Este año, dos activistas argentinos fueron parte de la misión del buque Esperanza, especialmente rediseñado para perseguir a la nave factoría japonés, Nisshin Maru.

"Nuestras lanchas, con 3 a 4 tripulantes cada una, estuvieron en el agua durante dos días enteros de actividad. Sólo se acercaban al barco cada no menos de 4 horas para reabastecerse de combustible y rotar a sus tripulaciones", comentó Schifman a La Capital.

Con temperaturas menores a los 0 grados y vientos superiores a 40 kilómetros por hora, los ecologistas debieron soportar el agua helada en sus cuerpos proveniente de las mangueras a bordo de los buques nipones, con el único objetivo de evitar que continúe la caza ilegal de ballenas.

"Las condiciones climáticas no fueron el único factor con el tuvimos que lidiar. Los tripulantes a bordo de los buques balleneros se mostraron muy agresivos, poniendo nuestras vidas en riesgo constantemente. A bordo de una de las lanchas presencié y fui víctima de los ataques con palos, chorros de agua, y maniobras navieras muy peligrosas provenientes de los distintos buques", señaló el joven porteño.

La organización también señaló que una de las lanchas de dio vuelta sometiendo a dos de sus tripulantes a las heladas temperaturas del agua en la región. "De habernos demorado mas de 20 minutos en el rescate, sus vidas habrían estado en grave peligro", admitió Schifman.

"Mis brazos estaban muy doloridos de tanto sostener la cámara en la turbulencia, y cada cinco minutos tenia que patear el suelo para mantener la sangre circulando y evitar que se me congelen los pies" dijo Hernán Pérez Aguirre, el camarógrafo argentino.

Las lanchas puestas entre los arpones y las ballenas obligaron a los japoneses a contener los disparos. Eso permitió a numerosas ballenas escapar de su destino letal. "El extensivo tiempo que les está demandando transportar a una ballena al buque factoría y estos últimos tres días en que estuvieron escapando de nuestra presencia, es tiempo perdido para los cazadores y muy valioso para mantener con vida a numerosas ballenas." agregó Schifman.


Protesta en Tazmania
Cientos de manifestantes en tierra también han participado de las protestas pacíficas cuando uno de los buques japoneses tuvo que regresar a Tazmania para dejar a un tripulante enfermo de apendicitis.

Greenpeace junto con otras organización de la región solicitaron al gobierno australiano que se niegue a reabastecer de combustible al buque japonés y de esa manera prevenir que el mismo vuelva reencontrarse con el resto de la flota.

El buque debió se detuvo a 50 kilómetros y el enfermo fue transportado en helicóptero. Allegados a la organización ambientalista creen que el reabastecimiento se va a realizar en algún lugar en alta mar. Por su parte, las naves de Greenpeace (Esperanza y Arctic Sunrise), con sus 57 tripulantes abordo, continuará su campaña durante varias semanas más.