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La flota japonesa vuelve a cargar sus arpones contra las ballenas en aguas de la Antártida  (14-11-2005)
(ABC) En la última reunión de la Comisión Ballenera Internacional, celebrada en Ulsan (República de Corea) el pasado mes de junio, su Comité Científico instó a Japón a que desistiera de seguir cazando ballenas en nombre de la ciencia. Lejos de amilanarse, la Agencia Pesquera japonesa anunció que duplicaría su cuota. Un órdago que la semana pasada puso sobre el tapete con la partida de su flota desde la ciudad de Shimonoseki rumbo al océano Austral. El objetivo: cazar 935 rorcuales aliblancos y además incluir en su programa de caza a otras dos especies, el rorcual común y la ballena yubarta.
La flota de este año se compone del buque guía «Nisshin Mahru», de 8.000 toneladas, y otros cinco barcos que, según la agencia pesquera nipona, tienen labores de observación y recogen datos sobre la edad y el contenido del estómago de las ballenas que, ya muertas, cargan en ese buque «nodriza». Y es que Japón, según denuncian los grupos ecologistas, encubre bajo la investigación científica lo que no deja de ser caza comercial. Desde Greenpeace, Sebastián Losada asegura tajante que «el único motivo es comercial». En cuanto al aumento de la cuota y la extensión a dos nuevas especies que serán blanco de sus arpones, Losada afirma que «lo intentarán disfrazar con que así tienen una muestra más representativa de la población y datos de nuevas especies. Pero es absurdo, porque ya hay series de datos de décadas sobre la alimentación de las ballenas y además hay métodos genéticos para hacer esos estudios». Lo cierto es que Japón continúa amparándose en que de esta manera estudian la interacción entre la pesca y las ballenas pues, a su juicio, éstas «son las culpables de la crisis de los stocks de las pesquerías japonesas», dice Losada.

Así las cosas, desde ahora y hasta el próximo mes de abril, la Agencia Pesquera nipona espera cazar 935 rorcuales aliblancos -en los últimos años cazaban unos 440- y tiene en sus planes conseguir también 50 ejemplares de rorcual común y otros tantos de ballena yubarta en los dos próximos años. Estas especies están consideradas como amenazadas. Y es que casi 200.000 yubartas y más de 700.000 rorcuales aliblancos fueron cazados en el hemisferio sur durante el siglo XX.

En el Santuario Antártico

Si estos números ya dan una idea de lo que supone la caza que lleva a cabo Japón, el otro aspecto a tener en cuenta es dónde cazan estas ballenas. Y el lugar no es otro que el Santuario Ballenero Antártico, designado como tal en 1994 para ayudar a las ballenas a recuperarse después de un siglo de persecución, que provocó el agotamiento de sus poblaciones. «Un santuario es un refugio, un lugar seguro, pero esto no impedirá que este año unas 1.000 ballenas sean cazadas por la flota ballenera», dice Losada.

Cada año, después de que los científicos han medido y pesado las ballenas, estás son despiezadas y embaladas para su venta. La Agencia Pesquera Japonesa, responsable del programa, afirma que «de acuerdo a los valores culturales japoneses, las ballenas son un alimento». Sin embargo, un sondeo de opinión encargado en 2002 por el diario japonés Asahi mostraba un cuadro bien distinto: sólo el 4 por ciento de la población come carne de ballena de forma habitual; el 9 por ciento raramente; el 53 por ciento no la había probado desde la infancia; y el 33 por ciento nunca la había probado, según los datos facilitados por Greenpeace.

Pero Japón no es el único país que actúa al margen de la moratoria sobre la caza comercial de ballenas que se adoptó en 1986. Islandia, al igual que los nipones, alega que se trata de un programa de caza científica, mientras que Noruega presentó una objeción a la moratoria, con lo que ésta no les es de aplicación. Este año Islandia cazó 39 ballenas y para el año que viene han anunciado una cuota de 100. Por su parte, Noruega lleva cazando anualmente una media de 650 ballenas en los últimos años.

Poblaciones diezmadas

Así, durante los últimos 30 años, las flotas balleneras de todo el mundo han capturado más de 430.000 ballenas, 24.000 de ellas durante la moratoria. Algunas estimaciones realizadas por Greenpeace y por la Sociedad para la Conservación de Ballenas y Delfines revelan que la población de ballenas en el hemisferio sur, donde van a reproducirse, está en torno a 1.200.000 ejemplares, siendo la ballena gris, la legendaria ballena azul y la ballena franca las especies con mayor peligro.Como ejemplo de hasta qué punto se han diezmado las poblaciones de estos cetáceos, baste decir que se calcula que quedan en torno a 290.000 cacahalotes, cifra sólo un poco superior a los aproximadamente 165.000 que han muerto por culpa de los arpones en las últimas tres décadas.

Sin embargo, la caza comercial no es la única amenaza de origen humano a la que se ven sometidas las ballenas y otros cetáceos. Las epidemias, la contaminación -ya sea acústica, debida al tráfico marítimo, o por residuos y sustancias tóxicas-, el uso de artes y aparejos de pesca destructivos o no selectivos y la falta de control en algunas zonas del cada vez más de moda turismo de avistamiento, son algunos de los retos a los que día a día deben enfrentarse si quieren sobrevivir en estos océanos cada vez más degradados. Además, otros problemas globales, como el agujero en la capa de ozono y el calentamiento del planeta, fenómenos que para la mayoría de los científicos se deben a la acción del hombre, suponen serias amenazas para la vida en los océanos.

En este sentido, John Frizell, de Greenpeace Internacional, asegura que «pese a los casi 20 años de moratoria sobre la caza comercial de ballenas, muchas poblaciones diezmadas por la industria ballenera no se han recuperado. Las poblaciones de ballenas necesitan mayor protección actualmente que cuando la moratoria entró en vigor, ya que sufren nuevas amenazas como el cambio climático, el agujero en la capa de océano, la contaminación química y acústica o la sobrepesca». «Por tanto -añade- el empeño de Japón en seguir dando pasos para acabar con la moratoria es una total irresponsabilidad».