
Vida Marina
Greenpeace documenta en el Pacífico sur la destrucción causada por la pesca de arrastre de profundidad (16-06-2005)
Ha fotografiado los impactos de esta flota sobre ecosistemas sensibles como los fondos de coral. El domingo pasado, el Rainbow Warrior documentó cómo el buque neozelandés Waipori izaba restos de coral del tamaño de un árbol. El buque insignia de Greenpeace, el Rainbow Warrior, está desde hace dos semanas en aguas internacionales de Nueva Zelanda, documentando el impacto de la pesca de arrastre de profundidad sobre los ecosistemas marinos.
Durante su expedición en la zona, Greenpeace ha podido observar evidencias claras del impacto del arrastre de fondo, incluyendo espectaculares imágenes del buque neozelandés Waipori izando a bordo un coral milenario del tamaño de un árbol. "Una y otra vez hemos mostrado evidencias de cómo la flota arrastrera que faena en aguas profundas destruye los fondos marinos ¿Cuántas imágenes más de corales destruidos necesitan ver los Gobiernos antes de que reconozcan que es urgente declarar una moratoria a la pesca de arrastre en aguas internacionales?", declaró Carmen Gravatt responsable de la campaña a bordo del Rainbow Warrior. El arrastre de profundidad es considerado como la principal amenaza a la biodiversidad en los ecosistemas marinos profundos por científicos en todo el mundo. Sin embargo, la industria pesquera sigue argumentando que sus artes no dañan el fondo. Sin ir más lejos, el representante de la Federación Española de Organizaciones Pesqueras declaraba el mes pasado en su comparecencia ante la Comisión de Pesca del Parlamento Europeo: "Los fondos de coral han sido siempre absolutamente incompatibles con el arrastre de fondo, ya que en un enganche de una red en un fondo coralino es probable que se rompan algunas ramas de coral, pero lo que es seguro es que se rompe la red, con un daño económico importante para el pesquero, que es por tanto el primer interesado en evitarlo. Países como Australia o Nueva Zelanda han desarrollado técnicas para evitar el roce con los corales. Sus armadores han modificado sus técnicas de pesca con el fin de minimizar el contacto con las superficies de talud y de evitar daños a los aparejos de pesca" Sin embargo, Greenpeace acaba de documentar el daño que provoca este tipo de pesca a las zonas de coral precisamente en Nueva Zelanda. "Tanto en el Atlántico Nordeste el año pasado como este año en Nueva Zelanda hemos sido testigos del daño provocado a estos fondos de coral. Desgraciadamente, todavía no sabemos lo suficiente sobre estos ecosistemas y no sabemos exactamente dónde se encuentran estos corales. Por eso necesitamos una moratoria, para garantizar que la explotación de estos ecosistemas se realiza de forma que no provoque daños irreversibles", declaró Sebastián Losada, responsable de la campaña de océanos de Greenpeace. Durante su expedición el Rainbow Warrior documentó las actividades de los buques Tasman Viking, West Bay, Ocean Reward y Waipori, nuevamente evidenciando los daños a los fondos marinos así como las capturas accidentales de todo tipo de especies de fondo.
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