
Vida Marina
Nueva investigación prueba la transmisión cultural de madres a crías en animales marinos (08-06-2005)
(La Vanguardia) Half-Fluke (o Media Aleta),una hembra de delfín mular, sorprendió a los biólogos que la avistaron en 1985 en la bahía de los Tiburones de Australia al aparecer con una esponja en el hocico. ¿De dónde había sacado la esponja? ¿Para qué la quería? ¿Para jugar, tal vez? Los delfines mulares, la especie más habitual en los zoos, son famosos por su afición a jugar con pelotas, palos, aros y cualquier objeto que puedan controlar con el hocico o la cola, así que ¿por qué no esponjas?
Veinte años y 14.447 avistamientos de delfines más tarde, los biólogos han descubierto que Half-Fluke quería la esponja para arañar la arena del fondo de la bahía sin dañarse el hocico en busca de pequeños peces y crustáceos que llevarse a la boca. Y, lo más sorprendente, han descubierto que las crías aprenden de sus madres a arrancar esponjas del fondo del mar y utilizarlas para encontrar alimento. Los resultados de la investigación, publicados el lunes en la revista PNAS,representan la primera prueba de transmisión cultural de madres a crías en animales marinos. Por razones que se desconocen, el uso de esponjas se limita casi exclusivamente a las hembras: de los 15 delfines mulares adultos en los que se ha observado este comportamiento desde 1985, sólo uno es un macho.Y no es que los machos no lo aprendan. "Las crías pasan hasta cuatro años con sus ma-dres antes de ser destetadas, de modo que tienen tiempo de sobras de ver cómo utilizan las esponjas", ha explicado Michael Krützen, biólogo de la Universidad de Nueva Gales del Sur y primer autor de la investigación, a Associated Press. Krützen sospecha que "los machos están demasiado ocupados persiguiendo hembras" para dedicarse a arrancar esponjas. Para asegurarse de que el aprendizaje se hace de madres a crías, los investigadores han realizado análisis genéticos de 185 delfines mulares de la bahía de los Tiburones, de los que trece utilizaban esponjas para conseguir alimentos. Los resultados muestran que estos trece están estrechamente emparentados entre ellos y descienden de una única hembra que vivió hace pocas décadas a la que los biólogos llaman Sponging Eve -algo así como Eva Esponjadora-. La transmisión cultural de comportamientos de madres a crías -no confundir con la transmisión genética, en la que las crías ya nacen programadas, como en el caso del quebrantahuesos, que rompe huesos para comerse el tuétano- se había observado hasta ahora en unas pocas especies de primates como chimpancés, orangutanes y, por supuesto, humanos. El caso de los delfines muestra que "la transmisión cultural del uso de objetos como utensilios también se da en animales evolutivamente más lejanos", destaca Krützen. Con todo, esta aptitud de los delfines mulares, que han dado múltiples muestras de aprender por imitación tanto en cautividad como en libertad, "no me sorprende", señaló ayer Toni Raga, especialista en delfines de la Universitat de València, quien calificó de "excelente" la investigación de la bahía de los Tiburones.
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