
Vida Marina
Un cachalote pigmeo muere en Valdés tras varar en un acantilado (14-03-2005)
(El Comercio) El cachalote pigmeo baja hasta los dos mil metros de profundidad para alimentarse. Por eso, lo normal es encontrarlo en océanos y su presencia cerca de la costa constituye un acontecimiento excepcional. Y es más insólito aún que llegue vivo al litoral, ya que los varamientos son, por lo general, de ejemplares muertos arrastrados a tierra por las corrientes.
Un acantilado del concejo de Valdés ha sido el escenario de este peculiar suceso. A última hora de la tarde del sábado, dos pescadores que se encontraban en la zona del cabo de Busto llamaron a la Coordinadora para el Estudio y Protección de Especies Marinas (Cepesma) para informar de que un cetáceo se estaba golpeando contra las rocas. En ese momento, la embarcación Capela, de la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima (Sasemar) trató de acceder al lugar para salvar al animal, pero la fuerte marejada hizo imposible el acceso a la zona. Por eso, se accedió rapelando con cordadas por el acantilado, de más de cuarenta metros de altura. Asfixiado Sin embargo, cuando los voluntarios de Cepesma llegaron al cetáceo se encontraron con que ya había muerto, por lo que se pospuso el rescate del cuerpo hasta la mañana de ayer. Entonces, se le realizó la necropsia in situ y se le izó para trasladarlo a las instalaciones de la organización con vistas a recuperar su esqueleto con fines expositivos. Según el director de Cepesma, Luis Laria, se trata de un macho adulto con una longitud de 2,55 metros. La autopsia reveló que el motivo de la muerte fue la preasfixia, es decir, la falta de oxígeno provoca una sobrepresión pulmonar que termina con la muerte. En general, esta situación acontece cuando el animal se queda enganchado en artes de pesca y no puede subir a la superficie para respirar, explicó ayer Laria. Aunque en este caso el ejemplar sí pudo hacerlo, los daños que presentaba terminaron por ocasionarle la muerte una vez varado. Por otra parte, no presentaba heridas de aparejos, lo que no excluye, según Laria, que se haya quedado enganchado: «Artes como el arrastre y el cerco no tienen por qué dejar señales», dijo el director de Cepesma. De lo extraño del acontecimiento dan fe los pocos registros de varamientos de esta especie ( ' kogia breviceps ' ) en el litoral asturiano. Según Cepesma, sólo hay dos precedentes más en los últimos diez años: uno de ellos en el municipio de Villaviciosa y otro, hace seis años, a escasos dos kilómetros del lugar en el que apareció este último cachalote pigmeo. La bolsa de licuación es un peculiar órgano propio del cachalote pigmeo. Aunque la comunidad científica conocía su existencia, estudiarlo en buenas condiciones no fue posible hasta 1999, cuando apareció un ejemplar la playa de la Cueva, en Valdés. Cosa rara, estaba en buenas condiciones, lo que facilitó su examen por Cepesma. En esencia, lo llamativo del cachalote pigmeo es que su intestino deshidrata las heces, pero en su parte final está la bolsa de licuación. En ella, puede introducir agua marina, que licúa esos excrementos y los expulsa de un modo similar a la tinta del calamar. Un mecanismo que le sirve para cazar a los propios cefalópodos.
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