
Vida Marina
Las especies más castigadas por la gran ola (04-03-2005)
(El Mundo) Frente a los cientos de miles de víctimas humanas que provocó el ‘tsunami’, hablar de las pérdidas de especies animales puede resultar muy frívolo. Sin embargo, aunque menos importante, la destrucción de un hábitat y la desaparición de especies pueden provocar daños irreparables también para el ser humano. El ciclo biológico se altera y la naturaleza castiga a todos sus habitantes.
A finales de diciembre pasado, una ola gigante arrasó, literalmente, las costas del sudeste asiático. Indonesia, Malasia, India, Sri Lanka, Maldivas... En todos estos lugares murieron cientos de miles de personas, la mayoría turistas encandilados con la belleza natural de estos parajes. Desgraciadamente, además de vidas humanas, el tsunami hizo desaparecer también una parte fundamental de un ecosistema que repercute directamente en las personas que de él dependen. Curiosamente, el fondo marino cercano a la costa también sufre una gran daño tras el paso de un tsunami; tanto que este fenómeno puede provocar la desaparición de especies marinas cuya existencia puede aminorar las consecuencias de la gran ola. Arrecifes de coral, praderas marinas, esponjas, erizos, estrella, caballitos de mar, manglares y humedales son los más afectados directamente, incluidos, claro está, todos aquellos animales que viven en estos espacios. Cuanto más al fondo se encuentren (donde las corrientes son tranquilas), más sensibles resultan ser a las demoledoras corrientes que forma el tsunami. Aquí tienen ventaja los animales más rápidos porque pueden huir de la zona afectada. Algunos estudios realizados por organizaciones ecologistas tras el paso de la ola, han dado resultados muy pesimistas: el espacio o la superficie de los arrecifes de coral se ha visto reducido en un 90% en las zonas afectadas. Otra de las especies seriamente dañada ha sido la tortuga verde. Como la ola llegó en pleno periodo de anidación de huevos, éstos se han perdido casi por completo, contándose en miles el número de ejemplares desaparecidos. La tortuga verde es una de las especies en peligro de extinción a la que el tsunami no ha ayudado mucho. Sin embargo, este proceso tiene una cara positiva: algunas tortugas verdes, arrastradas por las olas, se han visto en las costas de Indonesia, de donde llevaban desaparecidas seis años. No obstante, también hay que contabilizar la pérdida de miles de ejemplares de esta especie, arrastradas por las olas del pasado diciembre. OTROS ANIMALES. A pesar de que las olas gigantes del tsunami del sudeste asiático se metieron tres kilómetros en tierra, en las costas de Sri Lanka no se ha encontrado ni un solo animal muerto. El Parque Nacional de Yala (Sri Lanka) era una de las mayores reservas de elefantes salvajes y leopardos, pero ninguno de ellos pereció, ni siquiera los más pequeños. LAS OLAS. La ola no es sólo la cantidad de agua que se ve en la superficie porque cuanto mayor es más impacto realiza bajo la superficie. Es, para simplificarlo, como un iceberg en movimiento. La parte que se ve es sólo un trozo. DETECTORES. Dicen los expertos que los cetáceos (ballenas y delfines, por ejemplo) captan los maremotos antes de que se produzcan con tiempo suficiente para sumergirse a una profundidad adecuada para evitar el impacto de la ola. EL TIEMPO. Varios estudios de varias organizaciones ecologistas, expertos y científicos han llegado a la misma conclusión: hace falta siglos para que la naturaleza recupere todo lo que ha perdido y para regenere los espectaculares espacios de antes del tsunami. PROBLEMAS AÑADIDOS. Las olas del tsunami mueven cantidades ingentes de arena y materias orgánicas y ambas pueden asfixiar la vida marina, pero sobre todo, a los corales. Éstos, además, han quedado dañados por la exposición al sol al quedar al descubierto cuando las aguas del maremoto se retiraron de nuevo al mar. La importancia del ecosistema en las vidas de los seres humanos que los tienen cerca En Asia, más de 100 millones de personas dependen directamente de sistemas naturales tan complejos como los arrecifes de coral. No sólo proporciona alimento y pesca, sino también otro tipo de recursos imprescindibles para su subsistencia. Por ejemplo, los arrecifes de coral son el principal reclamo para un tipo de turista al que le gusta el submarinismo. Además, muchos peces comerciales crecen y se desarrollan en las aguas del manglar donde se encuentran los corales ya que dichas aguas están cargadas de un plancton con una gran cantidad de nutrientes. Lógicamente, desaparecido el coral y el manglar, desparecida también la forma de vida de los seres humanos que lo tienen como referente económico o alimenticio. Sin embargo, el hombre, a pesar de su gran sabiduría, no ha parado de esquilmar estas zonas en beneficio de los grandes bloques de cementos convertido en hoteles o, lo que últimamente ha denunciado Greenpeace, la destrucción de manglares para la construcción de piscifactorías de gambas y camarones. Claro que con la tala de estos ecosistemas se destruye también el plancton que convierte en manjar los peces que se crían en él. Por tanto, al cabo de un tiempo se vuelven inservibles y se abandonan dejando un desierto marino y una puerta abierta a los fenómenos como el tsunami. Así es la sapiencia humana. Un dato final: Tailandia, una de las grandes afectadas, ha perdido el 70% de sus manglares. Arrecifes y manglares La naturaleza tiene sus propios medios de protección ante contratiempos como un ‘tsunami’. Por ejemplo, los arrecifes de coral son la barrera más eficaz contra estos fenómenos porque obligan a la ola gigante a romper antes de llegar a tierra con toda la fuerza. Estos arrecifes forman parte de los manglares, un ecosistema perfecto en el que la segunda barrera es la pradera submarina de algas y, por último, el mismo manglar, donde la fuerza del agua se pierde en sus caminos cubiertos de raíces y canales.
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