
Vida Marina
La ría de Ferrol acoge dieciocho especies únicas en el mundo (06-02-2005)
(El Correo Gallego) Ferrol Ya decían nuestros antepados que incluso a Ferrol llegaban hordas de focas, poseídas por los espíritus de los muertos, según las supersticiones, dispuestas a pegarse un baño en una de las rías más ricas del mundo. Siglos después, en sus aguas aparecen cada generación nuevas especies autóctonas únicas en el planeta Tierra. Como ejemplo, en las últimas tres décadas dieciocho especies, hasta entonces desconocidas, se asomaron sonrientes a los microscopios de los boquiabiertos científicos.
La ría circula encajonada entre paredones de los montes de Brión, Cariño, Chamorro, Mandiá, Barallobre y Neda. Desde su entrada, los acantilados graníticos de 30 metros de pendiente nos dan la bienvenida a uno de los ecosistemas mejor conservados, sustentado en su férreo soporte geológico. Casi rozando la superficie marina, bosques de algas del golfo, esponjas, corales, babosas de colores, gusanos, erizos y estrellas se apelotonan perezosos entre las rocas Bautizo de crustáceos Entre la vegetación terrestre y marina del Atlántico, podremos encontrar especies autóctonas como la Trachytedamia ferrolensis. Gran ayuda al espíritu indagador han prestado los científicos de la Estación de Biología Marina de A Graña, liderados por Victoriano Urgorri. Cuando están preparando las maletas para el Diva 2, misión que los zambullirá en las fosas abisales africanas, el trío de biólogos ferrolanos ya cuenta en su currículum con el descubrimiento de ejemplares autóctonos e incluso de nuevas especies gallegas. Dentro de la anterior campaña Diva Artabria, en aguas de la ría de Vigo dieron a luz a dos especies de Sarsinebalia o crustáceos, que sólo se pueden encontrar en Inglaterra o Francia y afincados en la zona olívica desde hace 150 años. Allí realizaron un bautizo de mar con los propios nombres de los científicos, creando las Sarsinebalia cristoboi de cinco milímetros y la Sarsinebalia urgorrii. Nuestras rías gallegas pueden dejar de envidiar a los paraísos en tecnicolor del Caribe, propios de una película de Walt Disney. Antes de llegar al canal más estrecho de la ría de Ferrol, oleadas de esponjas, cangrejos y fanecos se dirigen inocentemente al buceador. Ya en la conocida como zona de "entre castillos", el estrecho canal de 2,7 kilómetros se beneficia de un hidrodinamismo que renueva el 25% de las aguas con cada marea. La excelente oxigenación favorece que organismos sésiles sirvan de acomodo para los moluscos y mariscos que tanto apreciamos sobre un plato de restaurante. Aunque el progreso industrial arrinconó a los generosos bancos marisqueros, esta familia continúa siendo el soporte de la hostelería de la comarca. Entre algodones pervive la fauna ornítica, especialmente las aves acuáticas en A Malata, A Gándara, O Couto, Xuvia o San Valentín. No todas nos acompañan a lo largo del año, aunque sí podemos considerar como tímidos habitantes del entorno al grupal alavanco, la invernal garzota, el oscuro cuervo marino crestado, las chillonas gaviotas, o aves de rapiña como el medieval azor. También los mamíferos han hecho de esta costa su tranquilo hogar, para unos de paso y para otros definitivo. En tiempos pasados, la nutria formó grandes árboles genealógicos, con auténticas dinastías de Lutra lutra que decrecieron con los años. Junto a este dorado animal perviven mamíferos marinos como la marsopa común o Phocoena phocoena, el inteligente delfín común o el delfín mular, también conocido como Tursiops truncatus. Como alocados adolescentes en una película pandillera de los 50, persiguen bancos de jibia o sardina. Aunque si queremos focalizar nuestra atención en una riqueza animal de agua dulce, podemos dirigirnos a lagunas como las de Doniños o A Frouxeira. En esta última, ubicada junto al impetuoso mar de Valdoviño, el naturista encontrará amplias familias de aves, afincadas en las orillas y entre las dunas. La estable colonia de patos o anátidas cuenta con integrantes de pato asubión, cerceta real y alavancos reales. También se acercan a anidar el pato cullerete o el pato ceniciento, acompañados de algunos pollos de río. Y en otoño, veremos aparecer por el horizonte auténticas bandadas de patos, recordándonos a los dibujos animados de Nils Holgersson. Pisando tierra firme y alimentándose entre las cañas aparecen las zancudas, con garzas establecidas durante todo el año, como recién escapadas de un capítulo de Corrupción en Miami.
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