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«El gran enemigo de los corales es la codicia humana», según el biólogo Josep María Gili  (15-11-2004)
(Ideal) El coral forma la arena blanca de las islas que aparece en los folletos turísticos y los arrecifes donde viven los peces más coloridos del mundo. Es una palabra que desemboca en sol y palmeras. «Esa bonanza climática favorece el turismo todo el año. Los turistas están deteriorando los arrecifes: por las roturas de los corales, por la contaminación que provocan las ciudades y hoteles que se levantan junto a la costa, por la extracción y venta de especies exóticas... Pero el gran enemigo de los arrecifes es la codicia humana que busca el beneficio rápido», resume Josep María Gili, biólogo del Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona.
Gili, que estudia los corales en Panamá y Hawai, subraya que los arrecifes son la principal fuente de riqueza del Tercer Mundo. «Y los han sobreexplotado con pesquerías muy agresivas, con explosivos. La pesca de arrastre ha destrozado los corales profundos, que necesitan más de 100 años en reorganizarse», explica. 

Deforestación

Otra causa de desaparición de los arrecifes es la deforestación: sin árboles, grandes cantidades de tierra acaban en el mar. «Esos sedimentos colmatan los arrecifes, no entra la luz y se vuelven débiles. La sobrepesca elimina de los arrecifes a los peces que se alimentan de las algas que crecen sobre el coral. Las algas acaban por recubrirlos», dice el oceanógrafo.

Los arrecifes coralinos se extienden entre los 20 grados Norte y los 20 grados Sur del planeta, necesitan aguas entre 18 y 22 grados y ocupan una superficie equivalente a 40 veces la extensión de Europa. «Pero uno de cada tres arrecifes está amenazado de muerte», alerta Gili.

Una de las demostraciones más evidentes de esa amenaza ha sido el 'blanqueo' de las formaciones coralinas: el coral muere por el aumento de la temperatura. «Es otro efecto de la acción del hombre provocada por el cambio del clima. El mar es un gran desconocido: invertimos más dinero en ir a Marte que en estudiar los océanos que estamos destruyendo. Aún así, la Tierra nos sobrevivirá. El hombre -ironiza Gili- es la especie más inteligente del planeta: es capaz incluso de programar su autodestrucción».