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La ONU acuerda frenar el comercio de ballenas y tiburones  (13-10-2004)
El comercio con ballenas Minke y tiburones blancos sufrirá mayores restricciones gracias a las propuestas aprobadas ayer por la ONU en Bangkok. A pesar de la denuncia del elevado riesgo de extinción de estas especies, países como Japón, Noruega o Islandia consideran estas medidas excesivas.
El comercio del gran tiburón blanco sufrirá restricciones todavía más duras, según se desprende de la propuesta aceptada ayer en la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Salvajes, organizada por la Organización de Naciones Unidas (ONU) en la ciudad tailandesa de Bangkok. Australia y Madagascar fueron los principales defensores de la citada propuesta y obtuvieron el apoyo de la mayoría de los delegados de los 166 países –entre ellos los Estados Unidos–, que ya han firmado la carta de la Convención de Bangkok. Ahora, se espera que ésta sea ratificada antes del próximo jueves, día en que finalizará esta Conferencia. «El número de tiburones blancos que pueblan actualmente los océanos es desconocido –explicó David Morgan, jefe de la Unidad de Apoyo Científico de la Cites–, pero los delegados han aprobado las nuevas restricciones en base a los datos que ya han sido presentados por Australia y Madagascar, los cuales señalan que la población está disminuyendo». Esta propuesta surgió con el objetivo de prohibir cualquier forma de comercio, pero la mayoría de los votantes consideró que se debe permitir algún tipo de intercambio con tiburones, a condición de que esto no suponga ninguna amenaza para su supervivencia. Morgan afirmó que «esta decisión no afectará a la pesca deportiva, pero quienes la ejerzan estarán obligados a tener en regla una serie de permisos para poder transportar a estos tiburones a través de las fronteras». Asimismo, se permite que los tiburones sean exportados para tomar parte en investigaciones científicas. Esta nueva medida se ha aprobado en medio de fuertes críticas por parte de los grupos que apoyan la caza del tiburón blanco, quienes afirmaron que la amenaza de extinción de esta especie es limitada y las pruebas de que el comercio sea peligroso para ellos son muy poco concluyentes. Los tiburones blancos son muy preciados por sus grandes mandíbulas y dientes, que pueden generar decenas de miles de dólares. Su piel se usa como cuero y sus aletas son el ingrediente fundamental de la popular sopa de tiburón, una «delicattessen» en Asia. Por otra parte, Japón fracasó ayer en su intento de que se levante parcialmente la moratoria sobre la pesca comercial de la ballena de Minke a causa de la oposición de las partes firmantes de la Convención. Los miembros de la Convención estimaron que es demasiado pronto para aligerar las medidas de protección de los grandes mamíferos marinos, durante estos debates que figuran entre los más agitados que se han llevado a cabo hasta ahora. Japón había hecho un nuevo llamamiento a los 166 firmantes del documento para que no se sometan «al imperialismo cultural» de los gobiernos occidentales, en su mayoría hostiles al proyecto de reanudar las capturas. Para Japón, las reservas de ballena de Minke se han reconstituido suficientemente para que la especie sea transferida del anexo I de la Cites (comercio prohibido) al anexo II (especies comercializables dentro del límite de las cuotas). Según la Convención, aún existen más de un millón de ballenas de Minke en el mundo. La actual moratoria sobre la pesca fue impuesta en 1986 por la Comisión Ballenera Internacional (CBI), pero desde 1987 Japón practica una pesca tildada de «científica» que va a causar el próximo año la muerte de 820 ballenas de gran tamaño. La delegación japonesa prometió que «jamás» abandonaría su campaña, argumentando que la pesca de la ballena forma parte de la herencia cultural del país. Algunos países como Noruega, Islandia, Camboya y ciertos estados del Caribe aportaron, no obstante, su apoyo a Japón.