La bióloga española Yesmina Mascarell nos cuenta su experiencia en las aguas de Galápagos, trabajando en uno de los paraísos mas remotos del planeta, enseñándonos a través de imágenes que lo que Darwin vió en tierra tiene su reflejo sin igual en las profundidades marinas.
En este rincón del planeta el mar nos brinda uno de los espectáculos más increíbles que he visto en mi vida. Desde que llegué a Galápagos en octubre de 2006 dentro de la cooperación española, proyecto Araucaria XXI, trabajamos con el Parque Nacional en el área marina; proyectos de pesca de langosta espinosa, estado poblacional de lobos marinos, y colaboramos en otros programas como el del marcaje de tiburones.
He podido ver bajo el agua un espectáculo permanente que todavía me sigue sorprendiendo. Este mes estuve en las islas del norte del archipiélago: Darwin y Wolf.

Este lugar es uno de los mejores de las islas para el buceo. Aunque las corrientes son fuertes, la vida marina es impresionante: se pueden ver escuelas de tiburones martillo, incluso tiburón ballena en la temporada de junio a diciembre, grupos de delfines, tortugas verdes y de carey, escuelas de manta-rayas, miles y miles de peces de todo tipo e incluso ballenas y orcas nadando por debajo de ti.
Me embarqué 10 días en el Sierra Negra con el equipo de Migramar, Parque Nacional Galápagos y Fundación Charles Darwin. El objetivo: proyecto de marcaje y seguimiento de tiburones. Se trata de un proyecto ejecutado en varios países de la costa del Pacífico, con el cual se estudian las rutas migratorias de los tiburones, especialmente los martillos y los galápagos. Se marcan los tiburones con unas señales acústicas que son recibidas por unos monitores colocados en distintos puntos de las islas Galápagos y de otras islas cercanas al continente, como Malpelo en Colombia o Cocos en Costa Rica. Así, poco a poco se va generando una base de datos de información sobre los movimientos de los tiburones y todos los involucrados comparten la misma información. Otra manera de seguirlos es con transmisores satelitales. Estos se les colocan en la aleta dorsal, y emiten una señal que va quedando registrada automáticamente en una base de datos. Para esto se pesca al tiburón y se lo sube a bordo con una camilla.
Hacíamos 2 o 3 buceos diarios. Una pareja bajaba a 30 metros para cambiar el monitor de señales y recoger los datos almacenados y la otra pareja se quedaba a 15-20 metros haciendo censos de peces pelágicos. Cada inmersión era una gozada, una experiencia inolvidable.