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20/10/2008 - 10:38 - An?o por miedo a represalias

Nuevo derrame en Taganga, Colombia, historia de un desastre ambiental

Nuevo derrame en Taganga, Colombia, historia de un desastre ambiental

En los límites con el Parque Nacional Natural Tayrona, el más visitado de Colombia, se encuentra una profunda bahía con dos amplias playas en su interior: Playa Grande y la Playa de Taganga. Esta playas han sido sistemáticamente afectadas por las cuestionables decisiones de los dirigentes, públicos y privados, de Santa Marta en los últimos 10 años.


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Primero fue la construcción del emisario submarino, en el año 2000, el cual todavía no cumple los requerimientos mínimos de tratamiento de sus aguas, antes de vertirlas a menos de 500 metros de la costa. Después fue el colector pluvial de Santa Marta, con el cual la empresa Metroagua S.A. E.S.P. envió la mayoría de las aguas lluvias de la ciudad hacia la Bahía de Taganga, aumentando la turbidez de sus aguas, con el consecuente impacto sobre las comunidades coralinas y la actividad turística.

A la aparente condición de sumidero que parece tener Taganga para los dirigentes de la ciudad, se le suma que el servicio de acueducto es intermitente en esta villa de pescadores, donde tampoco hay servicio de alcantarillado. Una paradoja que reciban las aguas residuales de toda Santa Marta, pero no tengan derecho a alcantarillado propio.

Como si esto no fuera suficiente, ahora son los derrames de aceite de palma los que acechan Taganga. El 23 de abril de 2008, un día de celebración para todos los hispanos y angloparlantes, fue un día de tristeza para los habitantes y visitantes de este poblado. A la madrugada 89,5 toneladas de aceite de palma industrial se derramaron al sur de la bahía de Taganga, llegando en pocas horas hasta Playa Grande.

Después de tres días de recolección de aceite, de titulares de prensa y de promesas por parte de la empresa responsable del aceite, la situación parecía normalizarse. Sin embargo a las dos semanas el aceite recordó a todos que allí permanecía contaminando el medio marino. En Playa Grande, de lejos el lugar más afectado por el derrame, empezó un olor fétido a causa de la descomposición del aceite, alejando a cualquier visitante, fuera turista o poblador.

El aceite desapareció del agua, pero no del fondo marino y de la arena de la playa. El proceso de degradación de este compuesto vegetal estaba empezando y sus efectos a notarse. Pero ya no interesaba a los diarios, ya no era titular en los noticieros, ya no era comentario en las calles de Santa Marta. Sin embargo el verdadero problema hasta ahora comenzaba para los habitantes, que en su mayoría viven debajo de la línea de pobreza, con el verdadero impacto del derrame de aceite. Lastimosamente, ya a pocos les interesaba el tema.

Según los habitantes de Taganga, la empresa prometió pagar una indemnización de tres millones mensuales, durante el tiempo del efecto del derrame, a cada uno de los pobladores afectados. Sin embargo hasta ahora la gente no ha visto nada de ese pago, el cual la empresa quiere negociar ahora por ochocientos mil pesos . Los tagangueros han entablado varias demandas, pero la empresa parece no escuchar del tema.

Terlinca, la empresa dueña del aceite derramado, solo desembolsó dinero para el pago de la limpieza superficial del aceite, realizada por varios lancheros que recogieron el aceite de la superficie marina, pero ni un solo peso de indemnizaciones a los afectados. A pesar de eso, muchos creen que 'a la empresa le costo caro el derrame', considerando que el pago de los jornales de los lancheros es un costo alto. Pero este valor es insignificante en relación a los daños producidos al ambiente marino, como lo deja claro el Informe entregado por el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras – INVEMAR.

Este pago tampoco compensa las pérdidas económicas del sector turismo, el cual redujo sus ingresos en un 83% en esta temporada de mitad de año. No es difícil imaginar la situación de las personas que dependen de esta actividad en la temporada baja que acaba de empezar.

Hasta el momento no hay una valoración de las pérdidas económicas del derrame del 23 de Abril. Ni siquiera las aproximaciones que se atreven a publicar los medios, horas después de cualquier siniestro. Pareciera como si el derrame no hubiera afectado a nadie, reforzado por algunos líderes comunales que se empeñan en ocultar el suceso con la esperanza que los turistas regresen y no se den cuenta del evidente impacto ambiental.

Pero es imposible tapar con una mano este hecho de una empresa sin visos de responsabilidad social. Ya el estudio del INVEMAR determinó que hay 3800 metros cuadrados de arrecife de coral afectado por el aceite, el cual se continúa degradando en los sedimentos. Los costos de los servicios ambientales perdidos aun no se conocen, por lo que se recomienda hacer la valoración ambiental de los impactos del derrame. A esto se debe sumar los costos generados al sector turístico y pesquero, que no deben ser menores. La suma de estos valores es la verdadera indemnización que debe pagar la empresa y que la autoridad ambiental debería exigir.

En días pasados (24 Agosto, diario El Tiempo) el Alcalde de Santa Marta prometió imponer sanciones a la empresa de acuerdo a una escala del Ministerio de Ambiente. Sin embargo la estimación, según el mismo diario, es sobre 120 metros cuadrados, no sobre las 0,38 Hectáreas que dice el informe del INVEMAR. Además este pago es sobre el daño ambiental, pero nada se ha dicho del impacto en la economía local, en la que se incluye la pesca, el buceo y el turismo.

A su vez, el Director del DADMA, la autoridad ambiental, no ha sido claro en su discurso. Su única intervención fue a comienzo de la temporada turística, el 11 de Junio, para informar que el derrame de aceite no era peligroso para los bañistas. El anunció lo hizo según un informe de la empresa privada Inspectorate Colombia Ltda, cuya especialidad según el registro de empresas de la Superintendencia de Industria y Comercio, son los análisis de laboratorio para carbón y coke, no para el ambiente marino o la salud pública.

Como si esta situación no fuera ya desastrosa, el pasado 24 de Agosto hubo un nuevo derrame de aceite, por causa de un descuido de la misma empresa. Esta vez 360 toneladas de aceite se derramaron, pero la Capitanía de Puerto estuvo atenta y alcanzó a activar el plan de ayuda mutua, conteniendo el contaminante. Sin embargo la prensa nacional no se preocupó por la increíble repetición del error, sino por la suspensión en las exportaciones de aceite. La economía demostrando su egoísmo ambiental.

Cuando ya debería tenerse una valoración económica de los daños del derrame de Abril 23, cuando ya la indemnización a los afectados se debería haber realizado, cuando la empresa debería haber asumido su responsabilidad y haber tenido un plan de emergencias, nos damos cuenta que nada de esto ha pasado. Lejos parece estar Santa Marta de ejemplos de la responsabilidad social empresarial y la prevención de desastres, como si ha ocurrido en otros ejemplos nacionales y que hoy deberían servir de ejemplo.

Es momento de hacer un llamado a la comunidad internacional, a los amantes del mar y del buceo, para que se informen y exijan las compensaciones justas para los habitantes de Taganga. También se requiere hacer la valoración económica del vertimiento de aceite en la pared submarina de la montaña litoral más alta del mundo. En el siglo XXI, donde Internet está demostrando que las barreras nacionales son inexistentes, no es concebible un desastre ambiental de esta magnitud y que se pierda uno de los mejores lugares de buceo del mundo, por simple indiferencia.






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