05/07/2004
Posible descubrimiento de un barco de Cristobal Colón en el Caribe
Anda revuelto el mundillo científico, y con razón. Hace unos días, llegaban noticias que aludían a la posibilidad de que en el Caribe panameño, concretamente en la zona conocida como Nombre de Dios, podría haberse descubierto uno de los barcos del almirante Cristóbal Colón.
El hallazgo no era nuevo. Fue en 1998 cuando el buzo estadounidense Warren White localizó unos restos que, hasta no hace mucho, han permanecido en barbecho (se sospecha que no han pasado desapercibido para los cazatesoros) hasta que, recientemente y por iniciativa del semanario alemán Der Spiegel y su productora de televisión, se obtuvo el pertinente permiso para tomar varias muestras de la madera y la cerámica presentes en el barco.
La revista no fue a tiro hecho en busca del pecio, sino que se encontraba en la zona investigando la vida del pirata Henry Morgan. Allí se toparon con la historia de aquel hallazgo debido a Warren White, y realizaron varias inmersiones por si daban con el barco. Así fue, lo que modificó su objetivo inicial.
Propusieron entonces al Gobierno panameño costear ciertos análisis y realizar las pruebas del Carbono 14 para verificar la antigüedad de los materiales y, hace sólo unos días, se hicieron públicos sus primeros resultados.
El físico Pieter Grootes, profesor de Investigación Isotópica y Datación en la Universidad de Kiel, informó de que la madera analizada arrojaba un arco cronológico de entre 1449 y 1490. Es lo máximo que se sabe por ahora, amén de una certeza: se trata de un barco español. Las muestras de cerámica analizadas han revelado incluso la existencia de posos de aceites cuya procedencia es andaluza, según se ha comprobado.
La expectación fue tal que el profesor Grootes se dejó llevar por los sentimientos al decir que "creo que se trata de una carabela de Colón, pero no lo puedo probar". Al menos por el momento. Las autoridades panameñas, con el dorector de Patrimonio Histórico del Instituto Nacional de Cultura (INAC), Carlos Fitzgerald, a la cabeza, no han dudado en secundar el ambiente optimista creado. "Éste es un hallazgo muy importante porque no es lo mismo rescatar un barco o un cañón español de la época que una de las primeras naves que Colón utilizó para descubrir y conquistar América", ha afirmado.
Con lo obtenido, Der Spiegel ha rentabilizado su inversión dedicado un número al caso, publicando el libro El último viaje-El caso Cristóbal Colón y produciendo dos programas de televisión, uno de ellos un documental en el que han participado las máximas autoridades en materia colombina, como es el caso de la investigadora del Centro Superior de Investigaciones Científicas de Sevilla, Consuelo Varela.
Y lo más importante: suscitando interés. "Está muy bien que se hable del tema, porque de este modo iremos aprendiendo cada vez más y se fomentarán más investigaciones", constata Varela, quien pondera la relevancia del hallazgo hasta donde se sabe: "Si se confirma que se trata de una carabela, sería la primera que tendríamos y la noticia alcanzaría cotas de gran descubrimiento, pues aunque parezca mentira, sabemos más de los barcos romanos o griegos que de carabelas. Las conocemos por dibujos y grabados de época, pero realmente no se ha encontrado ningún contrato de ejecución de este tipo de embarcación", explica. Y apostilla: "De igual modo, si no se trata de una carabela, el hallazgo no sería menor. Su trascendencia residiría en el hecho de ser una nao española que, por las fechas que se barajan, constituiría el barco más antiguo del que tendríamos restos naufragados en Indias".
Las informaciones que llegan de Panamá no son muy esclarecedoras. Por una parte, se ha lanzado la aventurada noticia de que el pecio investigado es el Vizcaíno, dándose casi por hecho que era una carabela usada por Colón en su cuarta y última expedición a Nuevo Mundo, que partió de Cádiz en 1502. Sin embargo, como recalca Consuelo Varela, quien ha estudiado los pormenores de este viaje, el Vizcaíno era una de las dos naos que llevó el almirante (junto a La Gallega), a los que se unieron dos carabelas, la Santa María y la Santiago.
De hecho, a tenor de las dimensiones que parece arrojar el pecio en cuestión, que tiene unos 20 metros de eslora, su perfil se asemeja más al de un navío o nao que al de una carabela. Así lo afirma el profesor de la Universidad de Sevilla y experto en Náutica, Pablo Emilio Pérez Mallaína, quien con los datos que posee sospecha que "posiblemente se trate de un barco español de carga, pues no se olvide que ésta era una zona de mucho tránsito". Además, el pecio presenta un tipo de armamento pesado (como las lombardas) "que no era normal verlas en una carabela, que solía ir armada con falconetes y cañones de borda", agrega.
Las últimas relaciones que llegan de ultramar son incluso más ambiciosas. Mientras el Instituto Nacional de Cultura de Panamá mantiene abierto un litigio con la empresa Investigaciones Marinas del Istmo (que tiene un contrato firmado con el Ministerio de Economía que le asegura la exclusividad en el rescate de los pecios naufragados en el país), lo que se traduce en un parón en los trabajos de investigación que no se sabe cuánto durará, la Universidad de Texas ha entrado de lleno en el asunto.
El portugués Filipe Castro dirige los estudios y, aunque no se quiere airear mucho, se está barajando la hipótesis de que el pecio podría corresponder no a la cuarta expedición de Colón, sino a la segunda, que partió de Cádiz el 25 de septiembre de 1493 con un notable contingente formado por cinco naos y doce carabelas.
En cualquier caso, habrá que esperar, pero lo que parece claro es que la vida no sigue igual en Nombre de Dios, que está viviendo su peculiar cita con la Historia.
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