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07/04/2004

Parte de un tesoro millonario, la campana de la carabela Santa María es eje de una disputa entre Portugal y España

Parte de un tesoro millonario, la campana de la carabela Santa María es eje de una disputa entre Portugal y España

(Clarín.com) La pieza, que anunció el descubrimiento de América, fue hallada hace ocho años en aguas lusitanas. Iba a salir a remate pero Portugal interpuso un recurso judicial. “Resta recuperar un tesoro de 800 millones de euros”, le dijo el buzo que la encontró.
Tiene 25 centímetros de diámetro, pesa 14 kilos y estuvo sumergida en aguas portuguesas 450 años. A simple vista es un pedazo de hierro corroído pero para los coleccionistas vale millones. Es, ni más ni menos, que la campana que repiqueteó en la carabela “Santa María” en 1492. Ahora, quinientos años después, se ha convertido en la campana de la discordia. El gobierno de Portugal no quiere que la pieza se venda y demanda a España, a una casa de subastas y al buzo que encontró el tesoro por algo que considera suyo. El resultado, un litigio civil que recién empieza.

“Ni bien la tuve en mis manos se la ofrecí al gobierno portugués y, luego, al español”, le dijo a Clarín.com el buzo italiano Roberto Mazzara, quien en 1996 rescató la campana. A partir de allí, nació una historia de entredichos. Y en febrero de 2003, cuando la histórica campana iba a ser subastada, el gobierno portugués presentó el primer recurso legal para impedir que se vendiera. Adujeron, basándose en la Ley de Protección de Patrimonio Histórico de ese país, que los pecios (fragmentos de naves hundidas) son de dominio público y deben estar en posesión de las autoridades pertinentes. Su demanda es contra la Administración General del Estado de España, la empresa Gestión de Activos y Subastas (www.activosysubastas.com/salaprensa), firma que iba a rematar la pieza y contra Roberto Mazzara, a quien acusan de “ladrón”.

Mazzara ya hizo público su descargo. Contó que como las negociaciones con Portugal habían terminado en la nada, él siguió la ruta de Colón y se contactó con el gobierno español: quería regalarle la campana al Rey de España. Pero tampoco obtuvo la contestación que esperaba. Cumplidos los plazos de respuesta que los países tienen establecidos por ley, la campana tenía un único propietario: Roberto Mazzara. En ese momento el buzo decidió que iba a entregarla a una casa de subastas que ofrecía un precio de salida más que tentador: un millón de euros. “Yo puse en las manos del gobierno portugués la oportunidad de tener la única pieza del barco más famoso de la historia de la humanidad. Y me contestaron con una denuncia por robo”, explicó Mazzara.

A fin de cuentas, el buzo fue quien realizó todo el trabajo de investigación y rescate para dar con el preciado objeto. Experto en cruzadas submarinas, parte del prestigioso Equipe Cousteau (www.cousteau.org), supo por un artículo periodístico la existencia de dos galeones hundidos en la costa portuguesa en el siglo XVI, cuando llevaban oro a España. Del barco “San Salvador” sólo se sabía que había naufragado en 1555, frente a las costas de Buarcos, unos 200 km al norte de Lisboa. Mazzara se radicó en la zona y un día, mientras estaba trabajando en el mar, un pescador le mostró las monedas antiguas que había encontrado en la costa. Eran monedas del 1500 y Mazzara no dudó: se trataba del galeón.

“Días después, estábamos arrastrando un magnetómetro junto a la orilla y en un momento el aparato empezó a señalar algo. Les mostré un objeto a mis compañeros y uno de ellos sacó la campana”, dijo Mazzara, a quien le llamó la atención lo pequeña que era para un barco de semejantes dimensiones (35 metros de eslora). No había dudas de que formaba parte de la carga. Ahora, ¿qué hacía que esta campana mereciera ser transportada junto al oro que traían de América? Además, en aquella época el viaje de las campanas era el inverso: iban de España hacia el Nuevo Continente, para iglesias y monasterios. Guiado por la curiosidad, Mazzara comenzó una exhaustiva investigación ayudado por historiadores y arqueólogos.

“San Salvador se ha perdido en Buarcos con mucho oro, plata y el signo de Navidad...”, dice un registro de cargas correspondiente a la vuelta de Indias del año 1555. La clave estaba allí: en español antiguo, “signo” quería decir “pequeña campana”. En el diario de viaje de Cristóbal Colón, Fray Bartolomé de las Casas dice que el 25 de diciembre de 1492, la carabela Santa María había encallado en la costa de Haití. Colón había hecho construir un fortín en la isla con toda la carga rescatada del barco y lo había dado en llamar “Navidad”. El diario de a bordo del segundo viaje de Colón relata que cuando volvieron al fuerte los indígenas habían sacrificado a los españoles e incendiado todo. Pero la campana había resistido y volvía a España en el San Salvador.

“No hay duda, por las cosas y las monedas que contiene, que se trata del galeón” cuenta Mazzara que dijo ante el director del Centro Nacional de Submarinismo y Arqueología de Portugal en aquella ocasión. Aunque ofreció la campana a Portugal y España, en ningún momento pensó en revelar las coordenadas exactas del San Salvador. “Ahí hay 800 millones de dólares en oro y plata, como mínimo. No quiero avivar a saqueadores ni al estado portugués”, dice. Su desconfianza se basa en la reunión que mantuvo con el funcionario luso: “El quería apuntarse la medalla quitándome el mérito de la investigación. Yo solamente tenía derecho a una remuneración y no es dinero lo que busco”. Tras cuatro siglos y medio bajo el mar la campana de la “Santa María” ya lleva ocho años de un litigio impensado. Para conocer su futuro habrá que esperar el gong de la Justicia...

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