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12/04/2004

Bucear en tierras de secano extremeñas

(Hoy) La afición al buceo en Cáceres ha llevado a la existencia de tres clubes deportivos Los 'bautismos' se hacen en piscinas y los cursos se completan en el mar.
En la penillanura, el buceo se abre paso en las aguas dulces de Cáceres. Tierra adentro, la ciudad ya cuenta con tres clubes de buceo de los seis que oficialmente están registrados en la Federación Extremeñas de Actividades Subacuáticas (FEXAS). Se trata de Acquaceres, Sonar-1 y Los Ranos, que reúne en sus filas a varios campeones de Extremadura en distintas especialidades. Se tiene constancia, además, de un cuarto club, reconocido por la Junta, aunque no está dado de alta en la FEXAS.

A mitad de camino entre el deporte de competición y las actividades de ocio y tiempo libre, sin olvidar la vertiente profesional o voluntaria del buceo de salvamento, la afición a bucear sigue ganando adeptos en Cáceres con los 'bautismos', cursos breves en los que se enseñan las nociones básicas para moverse y respirar bajo el agua. El último de ellos se celebró los días 13 y 14 de marzo en la piscina climatizada de la Ciudad Deportiva, patrocinada por el Pub Divina Comedia y organizada por Los Ranos en colaboración con el club Sonar-1. «Doce personas de entre 12 y 34 años disfrutaron por primera vez de la cautivadora experiencia de respirar bajo el agua», aseguran.

Cautivadora, pero ¿complicada?. Pedro José Casillas, monitor, buceador experto y ex secretario de la FEXAS, contesta así: «Cualquier persona puede bucear, incluso disminuidos físicos. No es necesario saber nadar, algunas personas que efectivamente no saben, se encuentran más a gusto debajo del agua».

Lo importante es controlar la respiración y no impresionarse por la profundidad. Los buceadores tienen recomendado no descender más allá de los 40 metros, y prácticamente prohibido el rebasar los 60, incluso los muy experimentados. Los de primer nivel (una estrella) tienen su límite en 20 metros de profundidad, que es lo más habitual para los aficionado. «Aparte de los 60 metros, el oxígeno que contiene el aire comprimido comienza a ser tóxico, por eso se recomienda no bajar más».

Saber respirar

Para comprimir el aire, los buceadores cacereños han acudido durante mucho tiempo al parque de bomberos, porque un compresor es bastante caro, unos 2.000 euros. Es una de las singularidades de bucear en esta penillanura. Casillas reconoce que no trae demasiado cuenta comprárselo, «porque si vas a bucear al mar, te alquilan el equipo completo por un precio asequible».

El monitor cacereño señala que respirar por la botella «es tan sencillo como hacerlo cuando hablas, hay que hacerlo relajadamente, y, por cierto, las mujeres suelen consumir menos aire».

Reconoce, no obstante, que «al principio, el alumno puede sentir algo de claustrofobia, por eso hacemos los bautismos, para que la gente se sienta cómoda con el equipo; hay que acostumbrarse a confiar en los aparatos de control, que te dicen en todo momento el aire que te queda».

Cada botella suele estar cargada con 200 atmósferas de presión, y las va suministrando de una en una. Con ello, se puede bucear entre 45 minutos y una hora. La botella llena pesa unos 15 kilos, y el neopreno entre 4 y 10 kilos, «según la corpulencia de cada uno».

Pedro José Casillas reconoce que la gran ambición de los buceadores es ir al mar. «Como hobby, donde esté el mar...». Allí acuden con los alumnos en la última fase de los cursos que imparten, y se les realiza cinco pruebas. Van fundamentalmente a cuatro sitios: La Herradura, en Almunécar; Carboneras, en Almería; Sesimbra, en Portugal; y Alicante. «Cuando vamos al mar nos preguntan: ¿de verdad que buceáis?. Nos llaman el 'club de buceadores de la tierra de secano', pero también Madrid es la provincia con más buceadores de toda España».

Precisamente en Madrid es donde se suele adquirir más fácilmente el equipo, en establecimientos como 'Casco Antiguo'. «En buceo, no hay equipos malos, los hay buenos o muy buenos», asegura. Por unos 900 euros se puede comprar uno completo sin botella, que suele costar otros 250 euros. El traje puede ser húmedo, semi-estanco (el más habitual entre los aficionados) o seco.

Para matar el gusanillo mientras llega la ocasión de acercarse a la costa marítima, los buceadores cacereños también acuden a pantanos, «aunque a algunos no les gusta», admite Pedro José, o a charcas como la denominada 'la cantera' (una cantera real de cuando hicieron la presa) en Alcántara, donde llegan a realizar inmersiones nocturnas.

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