23/02/2004
¿Cómo funciona un acuario?
Las 'tripas' del acuario de La Rochelle, en Francia, muestran las dificultades que presenta el mantenimiento de una instalación como la que se ha empezado a construir en Poniente
¿Cómo funciona un acuario? Si tiene usted una pecera en casa con un par de peces de colores, multiplique por mil el trabajo que le da y tendrá una idea de cómo son sus 'tripas', la pecera gigante de una ciudad con miles de peces en su interior. Gijón tendrá su acuario en el verano de 2005 y podrá ver de cerca lo complejo que supone mantener fuera del mar a especies tan variadas como tiburones, sardinas o esturiones.
La visita realizada la pasada semana al acuario de La Rochelle, -'hermano mayor' del que hará en Gijón la empresa francesa Coutant- por una delegación del Ayuntamiento de Gijón, ha permitido ver de cerca cómo son algunas de las interioridades de esta enorme pecera.
AGUA
La clave de todo
Para que cada residente del acuario viva textualmente 'como pez en el agua', hay que vigilar cada día su temperatura, nivel de sal, nitratos y oxígenos. Al igual que en La Rochelle, Gijón dispondrá de un sistema de control informatizado que permitirá conocer al instante el estado de cada una de las 57 peceras. El peligro está en los excrementos de los peces, generadores de nitratos que son muy tóxicos para los animales y que deben ser filtrados. En La Rochelle, con tres millones de litros de agua, los camiones cisterna que abastecen el acuario permiten que cada vez se renueve el 40% del agua habitada. En Gijón, con 1,7 millones de litros, una tubería de un kilómetro mar adentro, mantendrá la calidad y la vida.
PECERAS CON VISTAS
Adiós al vidrio
Unas de las piezas más espectaculares del montaje de un acuario son las placas transparentes de polimetilo metacrilato de más de 20 centímetros de grosor que separan a los peces de los espectadores, pero que también crean la sensación envolvente de estar bajo el agua. Este material sintético es mejor que el vidrio, más resistente y ofrece mayor calidad de visión. Además, es más manejable a la hora de crear túneles transparentes de hasta 360 grados y techos cóncavos o convexos que permiten al espectador 'sumergirse' sin mojarse. Como ejemplo, en La Rochelle hay instalada una pantalla que pesa seis toneladas y delimita la pecera de 250.000 litros en la que se pasean amenazadores tiburones.
HORA DE COMER
Pescado y lechuga
¿Qué comen los peces? Sobre todo, pescado. En la trastienda de un acuario hay un verdadero restaurante marino en el que se preparan menús adaptados a cada especie. Los mayores, las rayas, las morenas o los tiburones y los peces tropicales de más talla, se alimentarán de piezas de pescado enteras. Los pequeños recibirán sus bolitas de gambas y filete de pescado, un compuesto que se prepara con el mismo mimo que la comida de un niño. La lechuga, la misma que la que figura en nuestras ensaladas, es el menú preferido de los 'peces cirujano', una especie del Mar Rojo que se ve en La Rochelle y que también se podrá ver en Gijón.
¿Se comen entre ellos? No. Aunque en los acuarios se recrean ecosistemas marinos completos con todas sus especies, nunca se junta en la misma pecera al cazador y a la pieza. La cuestión es mostrar la vida marina, no la ley de la selva en directo.
EL MÉDICO EN CASA
Control y cuarentenas
Los acuarios son, al igual que las peceras, ecosistemas cerrados que deben ser controlados hasta el extremo. Esa es la razón por la que todos los ejemplares que llegan de fuera a la instalación deberá pasar por la consulta médica antes de instalarse en su nueva casa. En los laboratorios del acuario de Gijón habrá, al igual que en el de La Rochelle, un lugar para las cuarentenas en el que los especialistas controlarán si los nuevos huéspedes llegan a sanos o son portadores de bacterias que pudieran contagiar al resto. La cuarentena de las especies será uno de los factores que marque la fecha de inauguración del acuario gijonés.
BUZOS CON BAYETA
Limpieza general
Los peces deben estar sanos y sus tanques limpios. Las peceras de un acuario no se pueden vaciar cada día, de manera que hay que limpiarlas con el agua y los peces dentro. Lo hacen unos peculiares empleados de la limpieza, buzos provistos de bayeta y rascador para limpiar las cristaleras por dentro y permitir que la visibilidad sea impecable. Además, se arrancan las algas que hayan crecido de manera excesiva y se sanea la arena de los fondos.
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