| Versión movil  |   |  RSS RSS  | Contacto  |  Mapa del sitio  |  Registrate!  |  Entrar
Estás en: > >
Enviar   Imprimir Comentar  Compartir:    

28/11/2005

Doscientos navíos descansan en el fondo de la costa onubense

Doscientos navíos descansan en el fondo de la costa onubense

(Huelva Información) San Esteban, San Pedro, San Diego, Santo Domingo y San Antonio; Trinidad, Concepción... una interminable lista de nombres que nada tienen que ver con el santoral, y a la que se puede añadir otros tantos: San Medel y Celedón, San Bruno, Empire Warrior o el Rayo... Todos ellos surcaron en su tiempo las aguas de Huelva y, todos ellos, por distintos motivos, fueron a parar a sus profundidades. Son algunas de las doscientas embarcaciones, que todavía hoy, tras varios siglos, reposan bajo el mar onubense, guardando con ellas un inestimable tesoro histórico, cultural, y por qué no, económico.
"Huelva es un escenario de la arqueología subacuática", afirma Claudio Lozano, licenciado en Historia y buzo profesional que desde la Universidad de Huelva impulsa el desarrollo de esta especialidad, con el apoyo de la Facultad de Humanidades.

Es Lozano quien afirma que en la costa onubense, "no a demasiada profundidad, 40 o 50 metros", puede haber unos doscientos navíos de todas las épocas: griegos, romanos, fenicios, de la carrera de Indias, de la batalla de Trafalgar, e incluso, de la Segunda Guerra Mundial. Concretamente se refiere a lo que se denomina la provincia marítima: desde Ayamonte hasta la Punta de Malandar, que dicho sea de paso, debe su nombre a la dificultad que los barcos encontraban en esta zona para ' andar ' .

La existencia de todo este patrimonio sumergido tiene mucho que ver con las características de las costas de Huelva, "que es muy aplacerada, es decir, que cuenta con llanuras acuáticas", explica.

Claudio Lozano comenta que el hallazgo del navío el Rayo, y el estudio de su contexto es lo que le permitió conocer que había más naufragios. Concretamente el Rayo es sólo una de las partes de la "unidad cultural" formada también por otras dos embarcaciones, el Monarca y el Berwick; los tres hundidos en la batalla de Trafalgar, en 1805. A estos hay que sumar todos los anteriores nombres ya citados, y otros muchos más. Aún así, advierte, no todos los restos son de grandes navíos, hay muchos barcos pesqueros, más modestos, pero que pueden resultar igual de interesantes.

La mayoría de estas embarcaciones terminaron en las profundidades marinas por culpa de un mal temporal. Hay que tener en cuenta que en los siglos XVI-XVII la obligación que tenían los barcos de llegar hasta el puerto de Sevilla, centro neurálgico de la carrera de Indias, los obligaba a esperar la pleamar para poder superar la barrera de Sanlúcar de Barrameda, siendo sorprendidos en muchas ocasiones por el mal tiempo.

Claudio Lozano describe que estas embarcaciones que ' oculta ' la costa onubense no conservan las estructuras completas, aunque sí aquello que transportaban. "Estamos hablando principalmente de instrumentos de navegación, cañones, armas, y plata y oro en monedas y lingotes. Efectivamente, hay documentos que parecen indicar la existencia de ciertos tesoros en la zona de El Portil. Aunque algunos pueden creer que hay mucha leyenda en esto.

Y es que uno de los tópicos más extendidos de la arqueología subacuática es el de los cazatesoros; una idea muy alejada de lo que realmente se está haciendo desde la Universidad de Huelva.

En la actualidad, la Onubense es la única Universidad que se dedica a investigar en este campo, pues en España apenas se desarrollan trabajos de arqueología subacuática. Existen los CAS (centro de arqueología subacuática), "pero ellos sólo tutelan y gestionan el patrimonio cultural, no investigan". Aunque no se trata de un grupo de investigación propiamente dicho, su esfuerzo está encaminado hacia esta meta. "Lo que estamos haciendo ahora sirve para establecer una base, un sustrato, para el desarrollo de esta especialidad en el futuro". Los pasos intermedios serían la creación de un master o de una titulación de segundo grado de la que partieran los primeros especialistas, capaces ya de impulsar de forma definitiva la investigación.

Una investigación, que de otra parte, no es fácil llevar a la práctica. En este sentido, todo lo que se está realizando desde la Universidad de Huelva se rige por la Carta del Icomos. Se trata de un organismo, asociado a la Unesco, que en quince artículos ha establecido el procedimiento y el código deontológico a seguir desde el planteamiento de un proyecto hasta su divulgación, que sería el último paso.

En cuanto a esta metodología, el primer paso es recurrir a las fuentes documentales y archivísticas, así como a las orales. Para el Rayo, la ' sospecha ' popular de la posible existencia de una embarcación en la zona, contrastada con documentos, permitió la localización del navío. El Archivo de Indias de Sevilla o el Archivo Municipal de Moguer son dos fuentes frecuentadas por Claudio Lozano. Con esta tarea de documentación y teniendo indicios de que hay evidencias arqueológicas se puede plantear un proyecto de investigación para evaluar los restos a través de una primera prospección superficial. Esta información sirve para identificar el barco y para que la Junta de Andalucía, administración encargada de la tutela y gestión de los restos, le de una identidad jurídica, lo que supone también que el barco tenga protección. Con todo esto, prosigue Lozano, se establece un proyecto de excavación, y finalmente una memoria científica.

Una buena base de datos cartográfica es imprescindible también. De hecho, es uno de los pasos previos para ubicar una embarcación, el estudio de los mapas históricos de la costa de Huelva, donde poder observar su evolución y donde aparecen determinados lugares que son mencionados en los documentos que hablan de naufragios. Con un meticuloso manejo de todos los legajos, la información puede trasladarse al panorama costero actual. Asimismo, se consultan testimonios recogidos de los náufragos, de los testigos del naufragio o de rescates posteriores.

Además de la metodología, la arqueología subacuática requiere de una determinada logística.

De una parte existen los denominados elementos de prospección geofísica: el sonar de barrido lateral; magnetómetros de protones y ecosondas multihaz. "Con estas herramientas podemos localizar y ubicar yacimientos sumergidos que quedan registrados a través de un GPS diferencial". Además, Claudio Lozano cuenta con una embarcación de apoyo, imprescindible. Un catamarán llamado Reverendo Rojo.

De otra parte están los elementos de buceo: equipos autónomos y equipos de suministro de superficie; cámaras de vídeo y de fotografía subacuáticas, y los equipos de comunicación buzo superficie. También disponen de una serie de dragas manuales, y "queremos incorporar un mini robot, cuando comencemos con otros proyectos". Todo el equipo, incluido el catamarán, está valorado en 600.000 euros (100 millones de pesetas), y los aporta la empresa Crátera Intervenciones Subacuáticas, que pertenece al propio Lozano. Asimismo, un grupo de investigación de la UHU, el de Geología Costera, colabora con ellos prestándoles material de prospeción geofísica.

Pero, todavía una de las asignaturas pendientes de la arqueología subacuática es "sensibilizar" a las administraciones. El poco interés que hasta el momento la Administración Pública ha mostrado por el patrimonio sumergido, teniendo en cuenta que en el Golfo de Cádiz se encuentra el 80 por ciento, no facilita el despegue de esta disciplina, y en cierto modo, facilita el trabajo de los expoliadores.

Sobre este tema, Claudio Lozano comenta que "está muy organizado y extendido, y que ahora se ha profesionalizado". Cuentan con medios ultramodernos para su ' trabajo ' , y cuentan con la ventaja de no tener que esperar una autorización para actuar.

Comentarios

Seguros de buceo
Contrata tu seguro de buceo, pesca submarina y snokel a los mejores precios.
mas