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07/02/2005

Un recorrido a la arqueología subacuática vasca

Un recorrido a la arqueología subacuática vasca

(Diario Vasco) Esqueletos de antiguas naves, piezas procedentes de ajuares de comerciantes romanos, monedas, que constatan la intensa actividad comercial que se desarrollaba en esta zona del Cantábrico, artillería que refleja las guerras que se desarrollaron en las costas del País Vasco, se encuentran en el fondo de las bahías vascas; todos ellos elementos que permiten conocer mejor el pasado de un pueblo que ha vivido, en gran parte, volcado en el mar.
La situación de la arqueología subacuática vasca ha cambiado sustancialmente en los últimos años, como señala Ana María Benito, miembro de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, y una de los comisarios de la exposición La memoria sumergida que hasta el próximo 4 de marzo puede verse en el Museo Naval. Además de un aumento importante de piezas que han pasado a manos institucionales -procedentes en la mayoría de los casos de buzos concienciados con la necesidad de preservar este patrimonio- se ha procedido a su estudio y catalogación, aspectos fundamentales para conocer con mayor detalle la actividad marítima que se ha realizado en las costas del País Vasco desde la prehistoria. 

Desde el Bidasoa

De este a oeste se comienza este recorrido submarino por el yacimiento del cabo de Higer, un reflejo de lo que sucedió a su alrededor, principalmente en el Bajo Bidasoa y en el desarrollo de la Vía Maris. Según refleja Benito en su estudio La arqueología subacuática en el Bajo Bidasoa. El cabo de Higer (Hondarribia), el contacto de la población con el mar debió ser anterior a la llegada de los romanos, posiblemente en una incipiente actividad pesquera, llevada a cabo en el estuario. Ya con los romanos, y aprovechando la riqueza mineral y forestal de las Peñas de Aia, se experimento en los dos primeros siglos del Imperio un importante desarrollo, momento del que proceden la mayoría de los restos. Por mar llegaban los soldados, dignatarios y comerciantes romanos así como los productos manufacturados de la época -cerámica común, terra sigillata gálica, piezas de paredes finas- y los alimentos básicos como aceite, grano y vino.

Siguiendo una ruta paralela al monte Jaizkibel se llega al puerto de Pasaia, enclave fundamental de la construcción naval, además de punto estratégico para la Armada y base de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas. Pero el potencial arqueológico de esta zona ha desaparecido debido a los permanentes trabajos de dragado y a la contaminación que ha sufrido por los vertidos industriales.

Aunque pueda parecer mentira, la Bahía de La Concha haría las delicias de las mentes que imaginan barcos hundidos llenos de tesoros, reflejo de un pasado más idílico que real. Manu Izaguirre, miembro del Insub (Sociedad de Investigación Submarina), los restos atestiguan bajo las aguas que el tráfico marítimo era abundante. Las piezas son producto de tormentas, ataques, accidentes, vertidos de cubierta y pérdidas. Dos son los pecios más destacados, el llamado por su ubicación Los Relojes -un barco de madera cubierto de un montículo de cantos rodados situado a una profundidad de seis y ocho metros- y el de Los Flejes o piedras de Afilar compuesto fundamentalmente de fardos de flejes y piedras de esmeril en la barra de entrada a la bahía, a la altura del Aquarium y a una profundidad de doce metros en marea baja. Al margen de estos dos, la bahía también tiene otros pecios como el que transportaba los cañones que guardan la puerta del Aquarium, el que transportaba el barril de clavos que hoy se encuentra en el Untzi Museoa, o el llamado del Congrio, además de restos aislados diseminados en el fondo. Fuera de la bahía, frente a Igeldo se encuentra el pecio del vapor pesquero Mamelena nº 3.

La desembocadura del Oria también cuenta en su seno con varios pecios. Entre 1992 y 2004 se localizaron cinco restos de naufragios, tres de ellos comprendidos entre los siglos XVI y XVIII, de naves empleadas en el transporte de hierro. Zarautz cuenta con los restos de la estructura de un cargadero de mineral o del pecio del brick petrolero alemán Gustav Wilhelm que fue cañoneado por los carlistas en 1874 porque pensaban que llevaba alimentos para sus enemigos.

En Getaria se han encontrado restos de una urca flamenca que posiblemente recorría la línea marítima que cubrían barcos de comercio de esclavos. Cabe destacar un compás de cartear del siglo XVI muy bien conservado. Y es que en este puerto pesa su pasado militar, que ha dejado constancia en sus aguas. Ana María Benito señala que posiblemente los restos proceden de algunos de los galeones de la flota de Lope de Hoces que fue hundida por la armada francesa en 1638. Se ha conservado poco porque se intentó reflotar y se perdieron las piezas. Entre los restos se encuentra un fragmento de asa de cañón.

De Zumaia al cabo de Matxi- txako hasta llegar a Cantabria. Toda la costa está plagada de pequeños restos. El más antiguo de los pecios del País Vasco se encuentra en este recorrido, concretamente en la ría de Gernika en Urbieta.

Pero el patrimonio subacuático vasco no se limita a la costa cantábrica. La intensa actividad constructora de vascos y también su afán por llegar a nuevas zonas en busca de comercio o alimentos hicieron que se encuentren pecios en lugares tan alejados como América o Asia, aunque el punto más importante es la península de Labrador en Canadá. De todos los puertos Red Bay es el único yacimiento de esta zona en el que se han realizado excavaciones y donde hasta el momento se han localizado cuatro pecios. Tal cantidad lleva a Ana María Benito a afirmar que «no es exagerado considerar Red Bay como un auténtico laboratorio para el estudio de la construcción naval vasca». De momento, sólo se ha investigado el pecio que se supone pertenece a la nao San Juan de Ramos de Arrieta Borda de Pasaia hundido hacia 1563.

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