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19/06/2006 - 08:54

Editan una guia de inmersiones en el Cantábrico

Editan una guia de inmersiones en el Cantábrico
Inmersión en Lagabarra

(El Correo) Editan una guía con propuestas para paseos submarinos por la costa vasca, en la que se identifican, además, 120 especies comunes de nuestras playas y acantilados.
Uno de los más espectaculares y hermosos invertebrados de nuestra costa, se agrupa en colonias con distintos colores, como pinceladas impresionistas.

Seis propuestas
 
La Playa de los Frailes. Cala al norte de Hondarribia, bahía de Txingudi. 50 minutos. 18 metros. Inmersión para todo el año. Gran variedad de especies alimentándose. Se trata de una sucesión de estratos dispuestos de forma paralela y orientados de este a oeste. Rendijas y gateras provocadas por la erosión.

La Catedral
 
Islotes de Mollarri, en Zarautz. 65 minutos. 20 metros. Vistosas gorgonias, rocas cubiertas del alga gelidium (empleada para extraer el agar-agar). Grupos de chicharros, peces ballesta, bancos de sargos. Hay una impresionante cueva que da nombre al lugar.

Esnórkel en el Paseo del Peine de los Vientos. Junto a la playa de Ondarreta, en San Sebastián. Aletas, gafas, tubo y camiseta (por el sol). Gobios como el chaparrudo, blénidos como la lagartina, crustáceos como la quisquilla. Estratos con moluscos, mejillones, ostras, caracolillos...

Las Culebras
 
Frente a Meñakoz-Sopelana-Barrika. 45 minutos. 26 metros. En el arenal, gran banco de fanecas. En un túnel próximo, langostas y congrios. Más adelante, corvas y sargos. También rapes, cabrachos y karraspios.

Peña de Aketxe
 
En el biotopo protegido de San Juan de Gaztelugatxe (Bermeo). Se necesita permiso oficial para bucear. Grandes rocas que forman cañones, sargos, paredes cubiertas de percebes, espirógrafos, esponjas, anémonas joya, poliquetos.

' Mina Mari '
 
2 millas al este de Matxitxako.20 minutos. 37 metros. Barco de mercancías hundido con una carga de cereal. Nuevos parajes protegidos para amantes de la belleza sumergida.

Olvídese de María la Gorda y de sus jardines de coral. Deje de soñar con los arrecifes de Maldivas, las escuelas de tiburones martillo de Galápagos y la Gran Barrera de Coral. No hace falta irse tan lejos para disfrutar de la belleza del fondo del mar. Haga el siguiente ejercicio. Localice un charco intermareal, ya sabe, uno de esos laguitos que se forman en la costa entre marea y marea. Póngase las gafas de buceo y meta la cabeza dentro. Sí, sin miedo. Anote ahora mentalmente las diferentes especies que vaya encontrando. ¿Ojo! Valen algas (desde el rojo gelidium, la laminaria, el giboso fucus y el codium), quisquillas, cangrejos ermitaños, minikarramarros, alevines de boga... ¿A que hay un montón? Acaba de descubrir el Caribe Cantábrico.

Como asegura Álex Iturrate, buzo profesional y autor del libro ' Paseo submarino por la costa vasca ' (editado por Azti, 19,80 euros), «nuestro litoral dispone de sitios y especies muy interesantes, sólo hay que fijarse».

Algún pequeño inconveniente tiene el bucear en estas latitudes. La turbidez del agua, por ejemplo, que hace que la visibilidad sea escasa más días de los convenientes. Claro que, cuando sale un día de aguas claras, esto es la repera. El mar parece un espejo. «En esas ocasiones, el buceo es excepcional», precisa Adolfo Uriarte, jefe del departamento de Oceanografía de Azti, el instituto pesquero vasco. El otro problemilla tiene que ver con la temperatura del agua. 12 grados en invierno. Ahora es otra cosa. En superficie, el agua está a unos 16º ó 17º.Hummm. Nada que no pueda arreglar un buen traje seco, algo de voluntad aventurera o un poquillo de grasa en los cuerpos de buceadores y buceadoras, gente, por otra parte, de buen comer y mejor beber.

Si sigue con el esnórkel, este mismo verano tendrá la oportunidad de apreciar un buen número de especies. Bancos de chicharritos y bogas, durdos, julias y karraspios, sargos, mojarras... «Y también anémonas, erizos, estrellas de mar, quisquillas, corcones o mubles... Aunque, a mí -explica Iturrate- lo que más me ha sorprendido en estos años son los caballitos de mar. Los hay en varios puntos de la costa vasca y algunos tan cercanos como la playa de Hondarribia». ¿Sorprendente!

La guía elaborada por Álex Iturrate, Carolina Alonso y Ainhize Uriarte y presentada ayer en el Aquarium de San Sebastián identifica a más de 120 especies comunes. También aporta datos sobre comportamientos curiosos de algunas especies. Por ejemplo, el valiente karraspio. Este pequeño lábrido practica un nido donde hace la puesta. Su decisión al defender a sus vástagos es tal que llega a morder a los buceadores que se aproximan demasiado. «Y mide 12 centímetros. Imagíneselo si llega a tener 5 kilos de peso», bromea Iturrate.

La metálica dorada

Piense ahora en los azulados bogavantes, en los emboscados congrios, en las acorazadas nécoras, en las robustas langostas, en las inquietantes morenas, en los bigotudos salmonetes y en los rapes con su cara de vodevil... Todos están aquí, a un paso, a pocos metros. Zambúllase. Imagine un banco de listados sargos reales, el brillo de la metálica dorada, el vestido cambiante del cabracho («al que aquí llamamos cabrarroca, itxaskabra y sacarallo», apunta Iturrate), la vista fija de la moma en la roca... Fabuloso. Claro que si escarba en la arena encontrará también al salvario, tristemente célebre, dice el autor, por enterrarse en la orilla de las playas defendido por las afiladas púas de su aleta dorsal. Es tóxico y provoca dolor e hinchazón. «En algunos lugares se habitúa al buceador y puede llegar a comer de su mano», señala Iturrate. Posee una enorme boca con la que engulle a sus víctimas, a menudo juveniles de sepias y peces que habitan en las playas.

La guía nace de una evidencia. La constatación de que la mayoría de los buzos desconoce el nombre de los peces que observa en sus inmersiones. Y, aunque en cada puerto se designe con un nombre diferente al mismo pez, el libro lo fija por impreso (en castellano y euskera) de las especies más comunes en el litoral. En ocasiones, el equipo ha debido proponer denominaciones para ejemplares innombrados. La publicación incluye una guía con media docena de propuestas submarinas: desde un paseo con tubo en el Peine de los Vientos al pecio del ' Mina Mari ' , dos millas al este de cabo Matxitxako, en Bermeo y hundido a 37 metros de profundidad, uno de los destinos habituales para los amantes de lo profundo. «Nada más entrar en el agua podemos constatar -se lee en la guía sobre la inmersión a pulmón- que, a pesar de la gran presión humana, bajo la protección de este dique existe una cantidad importante de lapas, algas, anémonas, cangrejos, bígaros, ermitaños... es el reino de los seres adaptados a las mareas, periodos alternos de secano e inundación». Y, en definitiva, ¿no se trata la vida de eso? Pues lo dicho, a visitar a los supervivientes de las mareas.

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