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03/11/2004

Parte del pecio 'Castillo de Salas' se exhibe en el Cervigón tras 17 años bajo el mar en Gijón

Parte del pecio 'Castillo de Salas' se exhibe en el Cervigón tras 17 años bajo el mar en Gijón

(El Comercio) Ninguna pieza expuesta en Gijón está tan impregnada de mar. En su superficie, en su oxidación, en su olor. Tras 17 años sumergido frente a la bahía gijonesa, Rubio Camín aprovechó la extracción del 'Castillo de Salas' para diseccionar una parte de la 'zapatilla' del barco e instalarla en la senda del Cervigón bajo el patrocinio de Fomento. Le adjuntó una escultura, hecha con once fragmentos menores. E inauguró ese naufragio en tierra, que compara con «la lava fría de un volcán», en el otoño de 2003.
-¿Cómo eligió el corte del granelero? Habría muchas posibilidades.

-Elegí unas formas que fuesen muy limpias, muy cúbicas, que no tuviesen grandes dobleces. No quería hacer sufrir a la vista después de lo que ya se ha sufrido con el barco, ennegreciendo la playa durante años, con el carbón que nos vino jorobando hasta la Escalerona. Es una proyección de la tragedia que en su día contemplamos a 500 metros del Cerro. 

-La pieza reposa ahora en la senda del Cervigón con una mezcla de olores a óxido y a mar. ¿Cuál pesa más?

-Es casi un paralelepípedo, pero con una parte abierta, donde se puede uno guardar. Desde ella la gente puede ver la mar, que es un mundo abierto. Hasta Galicia y Australia. Es una carretera totalmente abierta; no como las de tierra, muy hostiles.

-En sus paredes sobresale la huella del fondo marino. Se sienta uno dentro y tiene la impresión de haber sobrevivido a un naufragio.

-Sí, según la sensibilidad de cada uno, allí se puede sentir algo. Y con mal tiempo sientes un poco más lo que es un hundimiento.

-Hay restos de carbón y de óxido por el suelo, como si aún sudara.

-Todo lo que hizo la mar en el barco lo irá deshaciendo el tiempo. Hay gente que incluso arranca capas de óxido. Es un proceso natural. Si un pájaro va a picar es natural. Si lo hace un ser humano, también.

-Y los ojos de pez, ¿ayudan a mirar?

-Claro. Arrimado a aquel tablón, a modo de asiento, hay un agujero que revela, mirando al horizonte, el sitio exacto del hundimiento.

-Tras 17 años de corrosión, ¿qué futuro tiene la pieza?

-Durará mucho porque ahí se está lavando con la lluvia, donde los animales tuvieron su casa (había incluso ostras). Cuando venga otra generación estará ahí. Pero no eternamente. Todo se va al cuerno en un momento determinado.

-Vista la fascinación que causa el 'Castillo...', ¿invita aprovechar más reliquias del fondo marino?

-Sí, porque hay tanta riqueza como en la superficie. Estaba el otro día viendo en National Geographic cómo habían sacado unas ánforas de vino de un pecio. Es impresionante. Y algunas estaban llenas. Igual no para beber, pero sí para darles un uso cultural.

-¿Vería factible exponer un barco entero en un gran espacio abierto?

-Sí. Hace unos años, estuve en el templo de Abu Simbel, en Egipto. Es mayor y pesa más que un barco, y está trasladado. Imagínese las emociones que suscitaría el 'Titanic' en el desierto de Sonora. Es sólo cuestión de dinero, y como los americanos tienen mucho...

-Su última aportación está en el Piles. ¿Por qué las letras al revés?

-Para obligar al recorrido. Ir viendo las letras separadas obliga a seguir el paseo. Los obreros se dieron cuenta de inmediato. Es solo un pequeño juego.

-¿En qué se ocupa ahora?

-Además de la exposición colectiva inaugurada en Madrid, tengo muchos proyectos en marcha: una fachada de un hotel en León, un edificio tremendo cerca de Llanes, un calendario para el 2005... Hago de todo: un libro, una alfombra, una vidriera, un jardín... Qué se yo.

-La iniciativa del 'Castillo de Salas' fue de Álvarez-Cascos, ¿no?

-Me lo pidió él. Por suerte, siempre he tenido contacto con la política de cualquier color. Cascos hizo unas cosas bien y otras peor. Lo conozco desde hace casi 40 años. Me llamó y me dijo: 'Joaquín ven a ver esto. ¿te gusta?' Y yo le dije inmediatamente que sí.

-También le encargó una obra junto a los túneles de la ría de Villaviciosa. Pero cambió el gobierno y...

-Iba hacer un laberinto y un juego de niños, una cosa bastante complicada en la que ya estaba trabajando. Como cada político se mete con el anterior, dijeron que iba costar no sé cuánto y lo pararon. Lo más jorobado es que cien toneladas de acero están pagadas y tiradas en el suelo. Y ahora no sirven para nada. Es más, están destruyéndose lentamente. Son cosas que los políticos hacen pagar al pueblo.

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