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El mar subió tres grados en verano en Canarias y alcanzó niveles históricos  (25-10-2004)
El océano llegó en agosto a los 29 grados, igual que en el Mediterráneo. El máximo registrado hasta entonces era de 26 grados. Las altas temperaturas y la calima favorecieron la aparición de cianobacterias propias de los trópicos. Los expertos vinculan el fenómeno al cambio climático.
La temperatura del mar en Canarias subió tres grados por encima de los valores máximos habituales hasta alcanzar los 29 grados centígrados. Nunca en los últimos quince años en los que la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) lleva controlando la evolución del océano vía satélite se habían alcanzado registros similares.La cima hasta entonces había sido datada en La Palma, con unos 26 grados. Estas altas temperaturas, y otros condicionantes, posibilitaron un afloramiento masivo de cianobacterias, microalgas causantes de las manchas que enturbiaron el mar en agosto en un fenómeno inédito en Canarias. Ahora, un grupo de científicos del departamento de Biología y del Banco Nacional de Algas, ambos de la ULPGC, y del Instituto Canario de Ciencias Marinas (ICCM) ha recopilado todos los datos de aquel extraño suceso y lo ha remitido a la prestigiosa revista Nature.

«Los niveles de temperatura del 4 de agosto rondaban los 26 o 27 grados cuando el máximo que tenemos registrado en La Palma, de aguas más cálidas y cercanas al océano abierto, era de 26 grados», explica el profesor de Ciencias del Mar de la ULPGC Antonio Ramos, «pero al ir avanzando la semana, se llegó a temperaturas de 28,5 y 29 grados». Como él mismo señala, «teníamos prácticamente la misma temperatura que en el Mediterráneo occidental».

El cese del alisio fue el causante de esta situación. Al retirarse los vientos del Noreste se interrumpió el fenómeno conocido como afloramiento costero en la costa sahariana. Éste no consiste en otra cosa que el ascenso de agua fría desde el fondo como consecuencia del desplazamiento de las aguas superficiales y cálidas hacia el oeste por el efecto de los vientos. Lo que se produjo en Canarias fue que, al cesar el alisio, se interrumpió dicha inyección de agua fría. «El afloramiento quedó estrangulado y cuando esto ocurre, pueden proliferar las colonias de cianobacter», dijo.

Con el mar en calma absoluta -pues si se mueve, las colonias de cianobacter se rompen- y las altas temperaturas, la aparición de las manchas que indican la presencia de cianobacterias sólo requería de dos cosas: hierro y fósforo. El primero estaba servido.Esos días, el Archipiélago vivió un fenómeno intenso de calima y está demostrado que el polvo del desierto aporta grandes cantidades de este mineral. En cuanto al fósforo, lo trajo el propio afloramiento. 


Fenómeno tropical

Brasil o el Caribe están acostumbrados a esta situación, pero no Canarias. Los científicos empezaron a darse cuenta de que la proliferación de manchas al sur de Fuerteventura, alrededor de Gran Canaria y al sureste de Tenerife no era normal. Se tomaron muestras y fueron enviadas a Escocia, donde identificaron taxonómicamente al causante de las mismas: Trichodesmium erythraeum, responsable de la coloración del Mar Rojo.

¿Cambio climático? Para Ramos, no hay duda. «Asistimos a un cambio en las condiciones físicas del mar debido a un proceso de calentamiento que cada vez es más palpable», asevera.

Otros datos parecen avalar esta afirmación. El Instituto Nacional de Meteorología, según informa el propio Ramos, reportó este verano la mayor temperatura del aire en Canarias de toda la serie (desde 1910). Además, los episodios de calima fueron más intensos de lo que es normal para el verano en Canarias, época en la que los alisios suelen frenar la entrada de polvo del desierto.

En biología, las llamadas de atención son evidentes. Un estudio del año 2002 coordinado por el catedrático de Biología Animal de la Universidad de La Laguna (ULL), Alberto Brito, apuntaba que el calentamiento del mar está permitiendo el asentamiento de, al menos, cuatro especies de peces propias de ambientes tropicales.Y, por si fuera poco, a fines de agosto de este año -coincidiendo con un nuevo aumento de temperaturas- vararon en Gran Canaria varios ejemplares de una especie de cetáceo, el delfín de hocico largo (Stenella longirostris), bien documentada en el Pacífico, propia de aguas tropicales, pero inédita en estas latitudes.Antonio Ramos y su equipo se preguntan si el elevado grado de dermatitis que presentaba uno de los animales pudo ser provocado por el contacto directo con la proliferación masiva de cianobacterias.

Con todo ello, el investigador de la ULPGC no tiene dudas de que estamos inmersos en un proceso de cambio climático. «Otra cosa es qué es lo que lo está originando», indica, «no está claro si su origen es antrópico o si es una tendencia natural del clima similar a las ya ocurridas a lo largo de la historia. Creo que es una mezcla de las dos cosas. Estamos consumiendo un exceso de oxígeno y generando un exceso de dióxido de carbono, y ello indefectiblemente afecta a la interacción atmósfera-océano».

El aumento de la temperatura del mar no fue la única situación anómala vivida este verano en el Archipiélago. Justo antes, el sur de Gran Canaria asistió a la creación de un giro -un remolino producido por el choque de la corriente de Canarias con las Islasque disparó los niveles de nutrientes. Los satélites detectaron valores de 12 miligramos de clorofila por metro cúbico cuando en Canarias estos registros están en torno a 1 como máximo. La situación se interrumpió a fines de mes cuando los alisios se relajaron. «Ha sido un verano bastante particular», sentencia Ramos.